lunes, 4 de octubre de 2010

Médicos sin control... y desconsiderados

Médicos sin control... y desconsiderados

Moisés Russo
Bioética y Salud

29/9/2010

"Todo médico permitirá a un colega diezmar una población entera antes que violar el vínculo de la etiqueta profesional delatándolo"

George Bernard Shaw



El título profesional es algo que apreciamos por más razones que por los ingresos monetarios que nos puede reportar (sin desmerecer su importancia). Una profesión nos entrega estatus social y reconocimiento, y nos hace acreedores de una confianza implícita de la ciudadanía en nuestras aptitudes para manejar un cierto monopolio sobre las acciones propias de la profesión. Esto se basa principalmente en que una profesión es desde su origen una "promesa pública" de dedicación al bien común o al bien público. En el caso de la medicina, la promesa ubica el interés del paciente ( destinatario de sus acciones ) por sobre el interés personal del que ejerce el servicio.

Recientemente se ha publicado un excelente reportaje que detalla cómo múltiples profesionales médicos violan en forma sistemática sus contratos laborales produciendo un daño gravísimo tanto a quienes quedan sin atención médica por mera desidia como a la estructura y funcionamiento de nuestro sistema de salud público que resulta innecesariamente sobrecargado.

¿Puede decirse que estos médicos actúan en forma profesional? La respuesta, como toda la ciudadanía se ha dado cuenta, es no. No hay que confundir el ideal de hacer el bien público, que genera el contrato social que permite que la ciudadanía entregue a los médicos la posición que tienen, con esperar de los médicos una actitud caritativa constante o de altruismo empedernido. Sin embargo, las flagrantes violaciones a la confianza ciudadana por estos profesionales son claras muestras de que algo esta mal en nuestra profesión. Lo invito a leer el reportaje: un cauteloso relato de una de las formas en que los médicos contribuimos a socavar la confianza que esperamos que la sociedad nos tenga. La labor médica, por lo demás, solamente es posible cuando la sociedad confía en nosotros.

Lamentables también son las declaraciones del Colegio Médico con respecto al incidente. Al parecer no hubo el escándalo que la ciudadanía, justamente, esperaba. Las inmediatas declaraciones del presidente de nuestra orden indicando que "la gente debe tener claro que esta denuncia se trata de casos aislados y no hay que generalizarlo a los 15 mil médicos que trabajan en el sistema público, quienes cumplen sus funciones con gran compromiso" suenan más a defensa corporativa que a un genuino interés por investigar y resolver un problema gravísimo en nuestro sistema de salud. La conducta admirable de quienes trabajan en forma comprometida en el sistema público de salud en nada disminuye la falta de los otros profesioanales.

Aún más lamentable es que el Colegio Médico considere que los médicos no podemos ser controlados mediante los sistemas que se utilizan con el resto de los profesionales de la salud. La idea de que nuestra profesión requiere tal flexibilidad que ningún médico puede cumplir horario por reloj es absolutamente ridícula, y sería mejor acompañarla de una propuesta que contribuyera a resolver este problema si queremos que la población confíe en que somos parte de la solución. Podemos dejar de lado los mecanismos de control cuando nuestras autoridades y pacientes puedan nuevamente estar seguros que no sacamos provecho inadecuado de este privilegio. Este tipo de respuestas hace a la ciudadanía cuestionar si la "tuición ética" que piden los colegios profesionales tiene algún significado (yo personalmente no soy miembro del Colegio Médico).

Ahora bien, quizás es tema de otro blog discutir si las remuneraciones son justas o no. Personalmente me parece que un sueldo de 300.000 pesos para un profesional con 10 años de estudios es irreal, y contribuye al poco compromiso con el sistema. Esto, en todo caso, no justifica la conducta comentada en el reportaje. La participación de médicos en el sistema de salud debe ser con el compromiso debido, o nos debemos abstener de participar. El problema de participar a medias tintas es que se hace imposible para los administradores del sistema determinar cuáles son las reales carencias. ¿Cuántos especialistas nos faltan? ¿Qué sueldo significa que un médico vea 16 pacientes en una mañana en vez de 2? ¿Es más efectivo implementar un nuevo pabellón o contratar más cirujanos? ¿Será necesario licitar más servicios y días/cama a privados? ¿Me conviene más tener a un especialista contratado 22 horas, o pagarle a un especialista externo por cada paciente que le envío? Ninguna de estas preguntas es posible de contestar si los profesionales que tenemos en papel tienen un rendimiento inferior que el esperado de ellos.

Finalmente, quizás porque aún me quedan 30 años de ejercer la profesión, quiero destacar el grado de desconsideración de estos profesionales con las personas que estamos en el inicio de nuestras carreras. La posibilidad de que nosotros tengamos los beneficios, estatus y reconocimiento que ellos han podido gozar depende de la confianza que nos tenga la ciudadanía. Las repercusiones, mecanismos de control y judicialización de la medicina son un legado que se deja de una generación de médicos a la siguiente. Es una falta de respeto a nosotros, sus colegas, la conducta descrita en el reportaje. Es un defecto de nuestro gremio que la defensa corporativa sea algo por lo que se nos reconozca. La cita en el epígrafe es un estigma que nos corresponde a las nuevas generaciones de médicos borrar.