martes, 27 de julio de 2010

La salud de Chile

Díaz, María Eugenia
La salud de Chile

En nuestro tercer «Barómetro de abuso de poder en servicios básicos» —a punto de publicarse— la salud es el servicio que concentra la mayor percepción de abuso: 32% de los encuestados declaró haber sido abusado durante 2009. Y, lo que es más grave, la experiencia de abuso en la salud ha aumentado de un 26% en 2006 a un 32% en 2009.

Quizás el mayor problema es que la salud en Chile refleja y recrea “la salud de Chile”. La tremenda injusticia en el acceso; la vergonzosa importancia de los ingresos para aspirar a una atención de calidad; la persistente discriminación de la que son objeto los mismos de siempre: los más pobres, las mujeres, los mayores, siguen siendo comunes y, peor aún, ya son parte de una lista de situaciones que se rotulan como normales.

Reconociendo la importancia del Plan AUGE y otros esfuerzos para instalar una cultura de “derechos” en Chile, creemos que el debate político en torno a la salud, así como el abordaje de las políticas públicas, han ignorado esta dimensión fundamental para toda reforma que busque mejorar la calidad de un servicio: la de las prácticas institucionales culturalmente arraigadas.

El debate siempre ha terminado por reducirse a un problema de recursos, cuya solución pasa por transformaciones estructurales complejas. Sin negar la importancia de éstas, no pueden ignorarse los factores culturales de este problema.

Promover el conocimiento, el ejercicio y la defensa de los derechos y responsabilidades de pacientes y funcionarios puede parecer “inocente” como alternativa de solución. Pero, aunque sabemos que un cambio de actitud no va a resolver todos los problemas, nuestros datos son claros en diagnosticar que los principales abusos tienen que ver con el trato que reciben los pacientes. Lo que queremos decir es que los y las ciudadanos/as tenemos el “poder” para transformar esta realidad.

Y aunque las fronteras entre las dificultades culturales y las estructurales son complejas y difusas, creemos necesario que tanto la clase política como la ciudadanía asuman que el problema de la salud también es reflejo de sus desafíos y carencias socioculturales, y que la búsqueda de soluciones nos compromete a “todos/as” a mirar nuestras prácticas. Tanto usuarios como funcionarios de la salud necesitamos sentirnos parte de un sistema que respeta los derechos y valora el ejercicio cuidadoso de sus responsabilidades.