sábado, 19 de diciembre de 2009

La Ópera en Medicina

La Ópera en Medicina


Expositor: Dr. Homero Gac Espínola
Filiación: médico internista, Servicio de Medicina Interna, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Resumen

Este texto completo es la transcripción editada y revisada de la conferencia dictada en reunión clínica del Departamento de Medicina, Hospital Clínico Universidad de Chile.
La publicación de estas actas es sido posible gracias a una colaboración editorial entre Medwave y el Departamento de Medicina del Hospital Clínico Universidad de Chile. El director del Departamento de Medicina es el Dr. Alejandro Cotera
Introducción

La ópera es una forma de expresión artística global de las vivencias del ser humano; por ello, a lo largo de su historia ha mostrado en múltiples ocasiones la relación entre las personas, los médicos y las enfermedades.

Es importante comenzar señalando que no siempre la profesión médica queda en buen pie en la ópera: muchas veces el médico es víctima de engaño y no pocas aparece como un charlatán. Otro aspecto a señalar es que los “enfermos” no siempre tienen un intérprete adecuado, por ejemplo, se puede ver a robustas divas aquejadas de tuberculosis. Finalmente, en la ópera se puede encontrar diversas patologías, como psicosis, celotipia, deliriums, depresiones psicóticas, jorobados, electrocuciones, heridas, infecciones, fiebre, litiasis, litotomías y castraciones, entre otras.

Esta exposición se comprenderá plenamente si el lector escucha las piezas que se citan; y aunque no disfrute de este tipo de arte, si es cierta la creencia que imperaba en los siglos XVIII y XIX, de todos modos será una mejor persona después de escuchar esta música.
Los médicos en la ópera

El Doctor Bartolo es un ícono de los médicos dentro de la ópera, no sólo aparece en una, sino que en dos óperas diferentes, de dos autores de épocas distintas: Las Bodas de Fígaro y El Barbero de Sevilla. En Las Bodas de Fígaro, cuyo libreto se basa en la segunda parte de la trilogía creada por Beaumarchais sobre el personaje de Fígaro, el Doctor Bartolo se reconoce a sí mismo como un gran médico; le gustan las jovencitas, de hecho es el preceptor de Rosina y no sólo se quiere quedar con ella, sino también con su dote; y lo engañan con frecuencia. Este Doctor Bartolo es uno de los personajes sobre los que más se ha ironizado en la historia de la ópera.

Otro personaje es el Doctor Malatesta, médico de Don Pasquale da Corneto, protagonista de Don Pasquale, la última ópera importante de Donizetti. El gran problema de este personaje es que siente un gran “ardor”, pese a su avanzada edad; el Doctor Maltesta le recomienda que frene ese ardor con un “tratamiento rejuvenecedor”, que consiste en buscar una esposa y lo engaña presentándole a su “hermana”, que finalmente le quita el dinero a Don Pascuale y logra que se arrepienta.

Probablemente uno de los médicos más interesantes es el que aparece en la ópera L'elisir d'amore, de Donizetti: es el Doctor Dulcamara, que vende su elixir de amor como una panacea y se considera profesor en todas las artes, pero termina autoengañado. Para vender su elixir proclama que “mueve al paralítico, sana al apopléjico, al asmático, al asfixiado, al histérico, al diabético, restablece el tímpano, robustece al raquítico y hasta cura el dolor de hígado, que últimamente está muy de moda”. Con este discurso llega a un pequeño pueblo italiano, donde acaba de morir un hombre de fortuna nombrando a su sobrino Nemorino como heredero; todo el pueblo sabe esto, menos el interesado, que sufre porque está enamorado de Adina y ella no lo toma en cuenta. El doctor Dulcamara le vende un “elixir de amor”, que no es otra cosa que vino de Burdeos; Nemorino, ebrio, no sabe que ahora las mujeres lo persiguen por su herencia y está feliz y convencido de que el elixir del amor funciona de maravilla. Al final de la ópera, el doctor Dulcamara se alaba a sí mismo como un grande de la Medicina.

Otros médicos en la ópera son: el Dr. Cajus en Falstaff, de Verdi; el Maestro Spinellochio, il dottore en Gianni Schicchi, de Puccini; el falso doctor que interpreta Despina en Cosi Fan Tutte, de Mozart; el Dr. Grenvil en La Traviata y otros que nunca llegaron, como en La Boheme. También se encuentran doctores estrafalarios, incluso dedicados a la investigación clínica, como es el caso de Wozzeck en la más famosa ópera de Alan Berg: es esta obra, Wozzeck se desempeña como sujeto experimental de un médico; a cambio de dinero acepta someterse a una dieta de legumbres, el doctor asume que ésta le provoca una aberraetio mentalis partialis y cree que se harñ famoso con este descubrimiento.
La medicina en la ópera

En la ópera se puede encontrar gran cantidad de historias psiquiátricas. Una de ellas es la locura de Lucia di Lamermoor, en la ópera del mismo nombre, de Donizzetti, que ha sido motivo de controversia entre los operáticos en términos de si corresponde a una depresión psicótica o se trata de un trastorno de personalidad borderline. También se puede citar a la protagonista de Nina, o sia la pazza per amore, de Giovanni Paisiello y a Azucena la gitana, que en El Trovador de Verdi lanza a su propio hijo al fuego en un momento de delirio. También está Die Tote Stadt, ópera con música de Erich Wolfgang Korngold y libreto de Paul Schott, donde Paul es un viudo obsesionado a tal punto con su esposa muerta, que construye un “templo” para guardar sus recuerdos, dentro de los que incluye al propio cadáver. Al conocer a Marietta su vida se debate entre un nuevo amor, su obsesión y la culpa, hasta que un sueño lo libera y decide rehacer su vida, dejando atrás la ciudad muerta.

En Lucia di Lamermoor, es notable la escena en la cual Lucia se acaba de casar con un hombre que no ama, engañada por su familia, que le hizo creer que su amado Edgardo se había olvidado de ella, pero en realidad le había ocultado las cartas que éste le había enviado. Ella se entera del engaño y en la misma cámara nupcial, en un momento de ira, asesina al novio y sale con el vestido manchado de sangre, en un escena terrible en la que parece estar saliendo de la tumba, mientras le canta apasionadamente su amor a Edgardo.

El delirio de celotipia aparece en Otello, creada por Verdi basándose en la obra de Shakespeare y en la que el personaje describe tan bien este problema, cuando dice: “más horrible aún que el crimen es la desconfianza”.

Otra patología psiquiátrica, más grata para el que la sufre, es la de Don Juan Tenorio, de la ópera Don Giovanni, de Mozart, que es un caso clásico de satirismo. En algún momento su sirviente, Leporello, le habla a Doña Elvira de las mujeres que han pasado por las manos de su Señor y le dice que han sido “en Alemania 331, en Francia 100 y en Turquía 91, pero en España ya son 1003”, lo que habla de las escasas probabilidades que tenía Doña Elvira de lograr en el futuro una relación estable.

En Nabucco, de Verdi, famosa por su coro de la libertad, Nabucco es castigado por Dios, que le lanza un rayo por haber llevado a los judíos al exilio y queda enloquecido, de lo cual se aprovecha su hija para tratar de quitarle el poder: es el primer caso de electrocución en medio del escenario en una ópera. El texto de los esclavos judíos que añoran el regreso a su tierra prometida es maravilloso: “va pensiero sull’alli dorate; va ti posa sui clivi sui colli..., que significa: “ve, pensamiento, sobre alas doradas, ve y pósate sobre colinas y valles… oh, patria mía, tan bella y perdida…” Nana Moskouri hizo una versión que, en mi opinión, cambia tanto el mensaje del maestro Verdi que es mejor olvidarla.

La castración es todo un capítulo en la ópera del barroco, época en que Farinnelli y otros grandes castrati, como Senesino y Cafarelli, fueron grandes divos; de hecho, en la película Farinelli il castrato, de Corbiau, se muestra al protagonista como una verdadera estrella de rock. Se dice que Farinelli tenía un registro que iba desde lo que sería un tenor hasta una soprano, cosa que en forma natural nadie puede lograr, y que al escucharlo se tenía la sensación de estar escuchando a un ángel. En ese entonces la gente castraba a los niños que tenían buena voz, con la esperanza de que llegaran a ser grandes cantantes de ópera; si no eran tan brillantes, de todos modos tenían futuro en los coros de las iglesias. Se cuenta que la condesa Mauer estaba tomando té y leyendo un libro mientras Farinnelli cantaba y tenía a toda la gente extasiada con su voz; cuando él se dio cuenta de que la condesa estaba distraída decidió dirigir su voz haciq ella y logró impactarla profundamente, a tal punto que después ella le pidió perdón por haberlo ignorado y le envió su collar de diamantes como regalo por lo que describió casi como un “orgasmo” musical.

El poeta y músico francés Marin Marais, músico de la corte de Luis XIV, gran intérprete de viola da gamba y discípulo de Monsieur Sainte-Colombe, escribió un poema que también musicalizó sobre la terrible experiencia de la litotomía sin anestesia, que en esa época no existía. El procedimiento consistía en abrir el periné, introducir una tenaza y extraer los cálculos, todo esto con el paciente instalado en una mesa diseñada para tal efecto, la mesa de operación de talla vesical, que es precisamente el nombre de la composición: “Le tableau de l’óperation de la taille”. La pieza dura tres minutos, durante los cuales se siente el sufrimiento de la persona sometida a esta intervención.
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* Maltratar a sus ídolos: “Pavarotti era obeso”, o “la Callas era bien fea de cara”.
* Contradecirlo malamente: “El jazz (o el rock) es muy superior a la ópera”.
* El falso reconocimiento: “¡Ah!... ésa es la música de los tallarines...”
* La confusión conceptual: “Qué linda esta canción”, refiriéndose a un aria o a un dueto, o “es bien alegre la música de Verdi”.
* La diferencia decibeliana, clásico de la esposa o esposo del óperatico: “No estará muy fuerte la música”, o “no les molestará a los vecinos”.
* La falta de imaginación: “Pero cómo va a tener tuberculosis si está tan gorda”.
* La utilización espuria: “Yo la escucho para relajarme y dormir”.


Historias para cerrar

La ópera también puede transcurrir en un spa, como ocurre en Il viaggio a Reims, de Rossini. La historia transcurre en la época de la restauración, después de la revolución Francesa; con ocasión de la coronación de Carlos X, hermano de Luis XVIII, en la Catedral de Reims. Un grupo de aristócratas europeos, símbolos de las monarquías de la Santa Alianza, se preparan para asistir a la coronación del nuevo monarca, pero no pueden llevar a cabo la parte final de su viaje a causa de una tormenta y se ven obligados a alojar en una especie de centro termal, en el cual se produce una serie de situaciones románticas entre los personajes. El objetivo de Rossini era disminuir la angustia que existía en Europa después del fin de la Monarquía; quería divertir a los burgueses de la época y lo logra mediante el bel canto, del cual esta ópera es un ejemplo: cantabile, agradable, muy melódica, muy grata de escuchar. En un pasaje, el representante de Francia trata de enamorar a la que representa a toda Europa, aunque todos, ingleses, franceses, alemanes, tienen la misma ambición; ella toma un agradable baño de barro mientras el francés le declara sus sentimientos, en un dueto encantador.

La tuberculosis es una de las enfermedades que más se menciona en la ópera. Las dos grandes obras en que se habla de este tema son La Bohème, de Pucinni y La Traviata, de Verdi, donde Violeta Valery, después de vivir un tormentoso amor, muere de tuberculosis en brazos de su amado. En La Bohème se muestra a los bohemios de París viviendo el amor y el arte con libertad, hasta que la enfermedad y la pobreza les muestran la cruel realidad. Beniamino Gigli, nacido en 1890, gran tenor de los años 30, tenía una voz y un fraseo maravillosos, que se perciben plenamente cuando canta “Che gelida manina”, representando al poeta en el momento en que se da cuenta de que su amada tiene la mano fría, lo que le hace intuir el desenlace fatal. Gigli era amigo de Musolini y a la muerte de éste tuvo que abandonar Europa y se dirigió a América, donde visitó Argentina y Chile.

Verdi fue el iniciador del verismo, junto a otros exponentes como Puccini, Cilea, Ruggiero y Leoncavallo, autor de I Pagliacci. Esta corriente pretendía mostrar la vida real con toda su dureza; así, en esta obra se retrata la vida de las cortesanas, esas mujeres que vivían como anfitrionas de lujosas fiestas, a expensas de un hombre rico del cual eran amantes, hasta que éste las dejaba y debían buscar a otro. Así transcurre la vida de Violeta Valery, que finalmente se enamora de Alfredo Germont, pero decide alejarse de él para no perjudicarlo. Después de darse cuenta de que ella se ha sacrificado por él, Alfredo va a buscarla y la encuentra en el campo, pobre y muriendo de tuberculosis y le ofrece una vida mejor cuando el médico la mejore, pero eso nunca sucede porque ella muere en sus brazos.

En la ópera se encuentran alteraciones anatómicas, como la del jorobado más famoso de la ópera: Rigoletto, bufón del duque de Mantua, que ayuda a su señor a raptar jóvenes mujeres sin saber que su hija Gilda es su nueva víctima. En su deseo de venganza envía a un asesino, pero Gilda se entera y decide sacrificarse a sí misma para evitar que el asesino mate al duque.

También hay heridas complicadas, como la herida de Amfortas, en Parsifal, de Richard Wagner. Amfortas es el custodio de la lanza del Grial, la que atravesó el costado de Cristo, pero la pierde cuando se entrega a una mujer enviada por el malvado Klingsor, quien se la clava en el costado a Amfortas, inflingiéndole una herida que nunca mejora y que le duele cada vez que se expone al Santo Grial. Finalmente, Parsifal recupera la lanza y cura la herida de Amfortas con sólo tocarla.

Peter Sellars presentó, en el festival de la ópera de Glyndebourne, un novedoso y polémico montaje de Teodora, de Haendel, con un emperador romano que parece político en época de elecciones y que cuando sufre un dolor retroesternal, es reanimado en escena. El episodio recuerda lo que le ocurrió a cierto candidato a vicepresidente de Estados Unidos que presentó un episodio de angina en medio de una entrevista, pero se recuperó a los cinco minutos, cuando dejaron de hacerle preguntas difíciles. Esta es una demostración de que la ópera también puede aportar formatos novedosos para temas universales. Teodora es la historia de una mujer que se niega a ser llevada a un templo en Roma, porque quiere seguir practicando su fe judía, se enamora de un soldado romano y ambos mueren juntos.

Para finalizar, un comentario sobre Adriana Lecouvreur, la ópera más famosa del compositor italiano Francisco Cilea, cuya trama es más bien pueril, porque la protagonista es envenenada con un ramo de flores, lo cual es bastante poco creíble, pero lo que llama la atención es la música, que parece música de fondo de una película moderna, algo increíble para una obra cuya trama se desarrolla en 1739.

En resumen, la ópera y la medicina se han acercado muchas veces a lo largo de la historia y descubrir estas conexiones nos hace entender de mejor manera cómo somos vistos los médicos y cómo podemos acercarnos a nuestros pacientes.