El Burnout Profesional
El burnout, es una patología psicológica muy grave, ya que es el último paso luego del estrés crónico. Se presenta en labores con mucho desgaste emocional y genera un deterioro global de la salud mental y calidad de vida de la persona. Es decir, el burnout, es cuando uno siente, que ya no puede, ni quiera dar más… Cuando uno se ha “quemado”.
Hace 20 o 30 años atrás, se le conocía como “surmenage” o “colapso” y en los años 80 surge como enfermedad laboral. En la actualidad la OMS, la considera como un problema social y de salud publica. Ya que impacta con un deterioro generalizado y dañino en la persona, que trasciende su esfera laboral.
Características del Burnout
A diferencia del estrés, el burnout es de una gravedad mayor, que los síntomas propios del estrés, ya que se reconocen tres indicadores muy notorios. Los cuales son:
1. Agotamiento Emocional Extremo: Referido a la grave disminución y pérdida de recursos emocionales, para enfrentar las situaciones de la vida.
2. Despersonalización: desarrollo de actitudes negativas, de insensibilidad y rechazo hacia las personas que se debe atender.
3.Pérdida de la Realización Personal: Tendencia a evaluar el propio trabajo en forma negativa, sentimientos de baja autoestima. La persona puede llegar a generar un rechazo total a su trabajo y perder la sensación de disfrute o esperanza para su propia vida.
A Quienes Afecta
Estos indicadores de gran notoriedad en la persona afectada, se ha descubierto que se presentan en algunas Labores y Profesiones más que en otras. Los profesionales del área de las Salud, son quienes las presentan con gran ventaja por sobre el resto. Esta característica se entiende claramente dada las particularidades de estas profesiones de ayuda, algunas de ellas son:
1. Un contacto intenso y permanente con personas que están con altos niveles de deterioro y sufrimiento.
2. Un compromiso emocional desgastante con las personas en sufrimiento.
3. Altos niveles de frustración y fracasos en la ayuda que se brinda.
4. Estrés crónico asociado a la sobrecarga laboral.
5. Carencia de espacios de vaciamiento y resignificación del daño recibido, producto del acompañar el sufrimiento de otros.
Los profesionales que más se ven afectados por el burnout, son en primer lugar las enfermeras, seguidas de los terapeutas de casas de acogida o reinserción social, como psicólogos o las profesionales del servicio social. A quienes se suman los profesores y todas las labores de alto desgaste emocional con personas en depravación o dependencia.
Tratamiento y Prevención
En la tarea de afrontar esta patología, es importante destacar que los tratamientos van en la línea de atender al profesional en dos niveles básicos: a nivel individual con psicoterapia, y algunas medicinas complementarias, y a nivel grupal, con sus colegas de trabajo. Esto debido a que los profesionales carecen de un espacio formal de acompañamiento terapéutico con su propio grupo de trabajo.Dado lo anterior, es vital crear consciencia, de que los profesionales expuestos al burnout, necesitan prevenir patologías de este orden, con espacios formales no sólo de vaciamiento, sino de crecimiento personal, permanente. Recibiendo capacitación adecuada y frecuente, así como ritos grupales de catarsis y acogida entre ellos mismos.
¿Evalúe su riesgo de Burnout?
Derivado del “Maslach Burnout Inventory”, esta sintetizada escala le puede ayudar a aute-evaluar su vulnerabilidad al burnout.Responda si o no a las siguientes afirmaciones:
_____Me siento emocionalmente agotada/o por mi trabajo.
_____Me siento muy cansada/o al final de la jornada de trabajo.
_____Me siento fatigada/o cuando me levanto por la mañana y tengo que enfrentarme con otro día de trabajo.
_____Creo que trato a algunas personas como si fuesen objetos impersonales.
_____Me siento "quemado" por mi trabajo.
_____No Creo que estoy influyendo positivamente con mi trabajo en las vidas de los demás.
_____Me he vuelto más insensible con la gente desde que ejerzo esta profesión.
_____Me preocupa el hecho de que este trabajo me esté endureciendo emocionalmente.
_____No Me siento muy activa/o.
_____Me siento frustrada/o en mi trabajo.
_____Creo que estoy trabajando demasiado.
_____No me preocupa realmente lo que le ocurre a algunas personas a las que doy servicio
._____Trabajar directamente con personas me produce mucho estrés.
_____Ya no me siento estimulada/o después de trabajar en contacto con personas.
_____Me siento estresada/o por mi trabajo
._____Mi trabajo me ha quitado la alegría de vivir.
_____Creo que las personas que trato me culpan de algunos de sus problemas.
Dependiendo del número de respuestas positivas, si se encuentra entre 2 y 3, debe estar alerta, ya que podría estar incubando un burnout. Si se encuentra entre el 4 y el 5, probablemente usted está sufriendo alguno síntomas de burnout, y es recomendable consultar. Si está en nivel 6 es muy importante que pida ayuda pronto.
Pablo Fuentes Díaz
Psicólogo
miércoles, 24 de junio de 2009
Síndrome de Burn-Out: Alta prevalencia entre profesionales de la salud
r. Ricardo García Sepúlveda
Psiquiatra, Clínica Las Condes
Síndrome de Burn-Out: Alta prevalencia entre profesionales de la salud
En la mayoría de los casos, ni los afectados, ni su entorno reconocen esta situación como un problema de salud. Es decir, no hay conciencia de la existencia de un problema.
Una medición realizada en el Hospital Roberto del Río, (n: 250), incluyendo pediatras, becados, enfermeras, kinesiólogos, tecnólogos médicos, nutricionistas y técnicos paramédicos llegó a altas cifras: 31% con el síndrome de burn-out establecido, 38% proclive a desarrollarlo.
El agotamiento emocional en este síndrome se manifiesta por pérdida de interés, sentirse sobrepasado por el trabajo, desapego afectivo, actitud negativa hacia los demás. Sentimientos de incompetencia personal, desvalorización del propio trabajo, estados de ánimo negativos, insatisfacción en el trabajo, dificultades en las relaciones interpersonales, familiares, problemas de insomnio, consumo de alcohol y/o drogas.
El síndrome de burn-out se desarrolla en etapas progresivas: en la primera etapa hay cansancio emocional, tedio y disgusto frente a tareas habituales e insatisfacción. En esta etapa hay intentos activos, pero inefectivos de introducir cambios. En una segunda etapa se desarrolla despersonalización, hostilidad, pérdida de la empatía. En una tercera etapa, se produce la sensación de inutilidad de cualquier intento por cambiar la situación.
Existen factores de riesgo personales y laborales asociados a su desarrollo. Entre los factores personales destacan: autoexigencia, perfeccionismo, desbalance entre trabajo, familia y desarrollo personal. Dentro de los factores laborales aparecen: tratar con personas sufrientes, alta carga laboral, prolongada extensión de jornada laboral, conflictos con el grupo de trabajo, amenaza de denuncia de mala práctica.
Las investigaciones coinciden que es esencial la prevención del burn-out. Para ello es fundamental identificar los síntomas de agotamiento emocional en un momento inicial y desarrollar factores protectores: reconocer el problema y desarrollar una disposición activa de enfrentamiento, realizar una planificación estratégica para solucionar los problemas, vida familiar y de pareja estable, disponer de tiempo libre y desarrollar hobbies diversos, mantener una red social, ordenar el tiempo laboral, disponer de una agenda organizada, mantener estilo de vida saludable, especialmente en patrón de sueño, alimentación sana y ejercicio.
Psiquiatra, Clínica Las Condes
Síndrome de Burn-Out: Alta prevalencia entre profesionales de la salud
En la mayoría de los casos, ni los afectados, ni su entorno reconocen esta situación como un problema de salud. Es decir, no hay conciencia de la existencia de un problema.
Una medición realizada en el Hospital Roberto del Río, (n: 250), incluyendo pediatras, becados, enfermeras, kinesiólogos, tecnólogos médicos, nutricionistas y técnicos paramédicos llegó a altas cifras: 31% con el síndrome de burn-out establecido, 38% proclive a desarrollarlo.
El agotamiento emocional en este síndrome se manifiesta por pérdida de interés, sentirse sobrepasado por el trabajo, desapego afectivo, actitud negativa hacia los demás. Sentimientos de incompetencia personal, desvalorización del propio trabajo, estados de ánimo negativos, insatisfacción en el trabajo, dificultades en las relaciones interpersonales, familiares, problemas de insomnio, consumo de alcohol y/o drogas.
El síndrome de burn-out se desarrolla en etapas progresivas: en la primera etapa hay cansancio emocional, tedio y disgusto frente a tareas habituales e insatisfacción. En esta etapa hay intentos activos, pero inefectivos de introducir cambios. En una segunda etapa se desarrolla despersonalización, hostilidad, pérdida de la empatía. En una tercera etapa, se produce la sensación de inutilidad de cualquier intento por cambiar la situación.
Existen factores de riesgo personales y laborales asociados a su desarrollo. Entre los factores personales destacan: autoexigencia, perfeccionismo, desbalance entre trabajo, familia y desarrollo personal. Dentro de los factores laborales aparecen: tratar con personas sufrientes, alta carga laboral, prolongada extensión de jornada laboral, conflictos con el grupo de trabajo, amenaza de denuncia de mala práctica.
Las investigaciones coinciden que es esencial la prevención del burn-out. Para ello es fundamental identificar los síntomas de agotamiento emocional en un momento inicial y desarrollar factores protectores: reconocer el problema y desarrollar una disposición activa de enfrentamiento, realizar una planificación estratégica para solucionar los problemas, vida familiar y de pareja estable, disponer de tiempo libre y desarrollar hobbies diversos, mantener una red social, ordenar el tiempo laboral, disponer de una agenda organizada, mantener estilo de vida saludable, especialmente en patrón de sueño, alimentación sana y ejercicio.
Síndrome del burnout, ¿una enfermedad profesional?
Síndrome del burnout, ¿una enfermedad profesional?
Fuente: http://profesional.medicinatv.com/reportajes/muestra.asp?id=306
El burnout, también conocido como síndrome del desgaste profesional o del trabajador quemado, empieza a convertirse en un problema de gran relevancia actualmente. Expertos en materia laboral y sanitaria han reclamado el reconocimiento de este síndrome como una enfermedad profesional.
El síndrome del "burnout" constituye una fase avanzada del estrés laboral y puede llegar a causar una incapacitación total para volver a trabajar. La deficiente estructuración del horario y las tareas en el trabajo suele producir cuadros de depresión, ansiedad, fatiga crónica, trastornos del sueño, frustración y el desarrollo de actitudes pesimistas. Es una enfermedad que afecta especialmente a los profesionales cuya labor está basada en la relación con otras personas, ya sean clientes o personal de la empresa, ya sean del mismo u otro nivel jerárquico.
Según un estudio realizado por el Instituto Nacional de la Administración Pública de España, los profesionales de la sanidad y la enseñanza son los colectivos del sector público más afectados por el síndrome del desgaste profesional. Se trata de profesiones que exigen entrega, implicación, idealismo y servicio a los demás y se asienta sobre una personalidad perfeccionista con un alto grado de autoexigencia, con una gran tendencia a implicarse en el trabajo.
Además de los ámbitos de la sanidad y la enseñanza, también afecta a trabajadores sociales, profesionales de alto riesgo y penitenciarios, también afecta a otras profesiones como la de empresario, alto directivo o en empleos rutinarios y monótonos. Este síndrome se presenta cuando se desequilibran las expectativas indiduales del profesional y la realidad del trabajo diario, se considera un trastorno adaptativo crónico y puede sobrevenir tanto por un excesivo grado de exigencia como por escasez de recursos.
El 20 por ciento de las bajas laborales que se producen en el desempeño de la profesión son de carácter psicológico y una tercera parte de éstas se encuadran en el síndrome del "burnout", según indica el doctor Manuel Fernández, director del Departamento de Salud Laboral de Correos y Telégrafos. Además añade que una baja por patología psiquiátrica tiene una duración media de 103 días. Aunque las enfermedades mentales son menos frecuentes que las alteraciones musculo-esqueléticas, las afecciones respiratorias y los trastornos digestivos como motivo de baja laboral, se sitúan en primer lugar en número de jornadas laborales perdidas.
Si bien no existen estadísticas fiables sobre esta patología, se calcula que en sectores como la enseñanza, un 30 por ciento de las bajas se deben a este síndrome, al igual que un elevado porcentaje de las que se dan entre los profesionales de la sanidad.
Los síntomas son diversos, como pueden ser la falta de ilusión o motivación por el trabajo, agotamiento físico y psíquico que no remite con el descanso, bajo rendimiento laboral, absentismo, sentimientos de frustración y descontento, etc. También se dan una serie de síntomas físicos, entre los que encontramos insomnio, alteraciones gastrointestinales, taquicardias, aumento de la presión arterial y cefaleas, entre otros.
Tratamiento y prevención
No existe ningún tratamiento específico para el síndrome de "burnout", ni tampoco una estrategia simple de prevención. Las terapias que se utilizan van encaminadas a restablecer la salud psicológica del afectado y recuperar el rendimiento laboral y se basan en el control del estrés, el ensayo conductual y la potenciación del autocontrol. En ocasiones, es necesario un breve periodo de baja laboral y en los casos más graves hay que recurrir a los fármacos antidepresivos.
La solución más eficaz para prevenir este síndrome pasaría por el establecimiento de cursos de formación destinados a aumentar la competencia psicosocial, los recursos emocionales del profesional y el fortalecimiento de la salud psicológica de los empleados. El Instituto Nacional de la Administración Pública (INAP) estudia incrementar su oferta formativa de cursos para el tratamiento y control del estrés y de la inteligencia emocional aplicada al trabajo, así como otras acciones para potenciar los recursos emocionales de los empleados públicos.
Enfermedad profesional
El subdirector general de Seguridad y Condiciones de Salud en el Trabajo de la Generalitat de Cataluña, Mariano Unzeta, destacó durante una jornada dedicada a este síndrome la necesidad de "presionar para que se reconozca esta patología como enfermedad profesional" para poder "desarrollar programas de actuación concretos destinados a prevenir" este problema. Actualmente, la comunidad europea está elaborando una lista común de enfermedades profesionales, si bien la lista española vigente en este momento no ha incluido una patología nueva desde 1978 y además "recoge enfermedades laborales que no se producen desde hace muchos años".
Biblioteca Virtual - Objetivos - Documentos - Cómo hacer tus aportes - Restricciones al uso
© 2002 EEE - Derechos Reservados
Se autoriza la reproducción total o parcial. Se agradece citar la fuente
Fuente: http://profesional.medicinatv.com/reportajes/muestra.asp?id=306
El burnout, también conocido como síndrome del desgaste profesional o del trabajador quemado, empieza a convertirse en un problema de gran relevancia actualmente. Expertos en materia laboral y sanitaria han reclamado el reconocimiento de este síndrome como una enfermedad profesional.
El síndrome del "burnout" constituye una fase avanzada del estrés laboral y puede llegar a causar una incapacitación total para volver a trabajar. La deficiente estructuración del horario y las tareas en el trabajo suele producir cuadros de depresión, ansiedad, fatiga crónica, trastornos del sueño, frustración y el desarrollo de actitudes pesimistas. Es una enfermedad que afecta especialmente a los profesionales cuya labor está basada en la relación con otras personas, ya sean clientes o personal de la empresa, ya sean del mismo u otro nivel jerárquico.
Según un estudio realizado por el Instituto Nacional de la Administración Pública de España, los profesionales de la sanidad y la enseñanza son los colectivos del sector público más afectados por el síndrome del desgaste profesional. Se trata de profesiones que exigen entrega, implicación, idealismo y servicio a los demás y se asienta sobre una personalidad perfeccionista con un alto grado de autoexigencia, con una gran tendencia a implicarse en el trabajo.
Además de los ámbitos de la sanidad y la enseñanza, también afecta a trabajadores sociales, profesionales de alto riesgo y penitenciarios, también afecta a otras profesiones como la de empresario, alto directivo o en empleos rutinarios y monótonos. Este síndrome se presenta cuando se desequilibran las expectativas indiduales del profesional y la realidad del trabajo diario, se considera un trastorno adaptativo crónico y puede sobrevenir tanto por un excesivo grado de exigencia como por escasez de recursos.
El 20 por ciento de las bajas laborales que se producen en el desempeño de la profesión son de carácter psicológico y una tercera parte de éstas se encuadran en el síndrome del "burnout", según indica el doctor Manuel Fernández, director del Departamento de Salud Laboral de Correos y Telégrafos. Además añade que una baja por patología psiquiátrica tiene una duración media de 103 días. Aunque las enfermedades mentales son menos frecuentes que las alteraciones musculo-esqueléticas, las afecciones respiratorias y los trastornos digestivos como motivo de baja laboral, se sitúan en primer lugar en número de jornadas laborales perdidas.
Si bien no existen estadísticas fiables sobre esta patología, se calcula que en sectores como la enseñanza, un 30 por ciento de las bajas se deben a este síndrome, al igual que un elevado porcentaje de las que se dan entre los profesionales de la sanidad.
Los síntomas son diversos, como pueden ser la falta de ilusión o motivación por el trabajo, agotamiento físico y psíquico que no remite con el descanso, bajo rendimiento laboral, absentismo, sentimientos de frustración y descontento, etc. También se dan una serie de síntomas físicos, entre los que encontramos insomnio, alteraciones gastrointestinales, taquicardias, aumento de la presión arterial y cefaleas, entre otros.
Tratamiento y prevención
No existe ningún tratamiento específico para el síndrome de "burnout", ni tampoco una estrategia simple de prevención. Las terapias que se utilizan van encaminadas a restablecer la salud psicológica del afectado y recuperar el rendimiento laboral y se basan en el control del estrés, el ensayo conductual y la potenciación del autocontrol. En ocasiones, es necesario un breve periodo de baja laboral y en los casos más graves hay que recurrir a los fármacos antidepresivos.
La solución más eficaz para prevenir este síndrome pasaría por el establecimiento de cursos de formación destinados a aumentar la competencia psicosocial, los recursos emocionales del profesional y el fortalecimiento de la salud psicológica de los empleados. El Instituto Nacional de la Administración Pública (INAP) estudia incrementar su oferta formativa de cursos para el tratamiento y control del estrés y de la inteligencia emocional aplicada al trabajo, así como otras acciones para potenciar los recursos emocionales de los empleados públicos.
Enfermedad profesional
El subdirector general de Seguridad y Condiciones de Salud en el Trabajo de la Generalitat de Cataluña, Mariano Unzeta, destacó durante una jornada dedicada a este síndrome la necesidad de "presionar para que se reconozca esta patología como enfermedad profesional" para poder "desarrollar programas de actuación concretos destinados a prevenir" este problema. Actualmente, la comunidad europea está elaborando una lista común de enfermedades profesionales, si bien la lista española vigente en este momento no ha incluido una patología nueva desde 1978 y además "recoge enfermedades laborales que no se producen desde hace muchos años".
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Prevalencia de Burnout en trabajadores del hospital Roberto del Río
Rev Chil Pediatr 75 (5); 449-454, 2004
ARTÍCULO ORIGINAL
Prevalencia de Burnout en trabajadores del hospital Roberto del Río
Prevalence of Burnout at the Roberto del Rio Hospital
Nadia Ordenes D.1
Resumen
Introducción: El síndorme de Burnout corresponde a un síndrome psicoemocional que se presenta en individuos cuyo trabajo implica atención y cuidado a otros. Aspectos claves del síndrome son una intensa sensación de cansancio emocional, despersonalización y tendencia a evaluarse negativamente en su trabajo. Objetivo: Establecer la prevalencia de esta enfermedad en el Hospital Roberto del Río y las variables epidemiológicas de riesgo. Método: Estudiamos una muestra de 250 profesionales a los que se les aplicó el instrumento de medida del Síndrome de Burnout de forma autoadministrada, entre mayo y septiembre de 2002. Se hizo estadística descriptiva con comparación de porcentajes por X2. Resultados: Obtuvimos un 98% de respuestas. 69% de los evaluados tienen o están en riesgo de desarrollar el Síndrome de Burnout. Conclusiones: Es importante considerar y evaluar la existencia de este Síndrome con el fin de corregir los factores involucrados en su desarrollo.
(Palabras clave: Burnout, trabajadores de la salud).
Introduction: Burnout is a psycho-emotional syndrome which presents in individuals whose work involves the attention and care of others. Key manifestations are an intense feeling of emotional tiredness, despersonalization and a trend to underestimate one´s own work. Objective: To study the prevalence of this disease at the Roberto del Rio Hospital and to provide some epidemiological variables of risk. Method: A sample of 250 profesionals were studied using a Burnout Syndrome questionaire, completed by the subjects between May and September 2002. Descriptive statistics were used and comparison of percentages using the Ji square test. Results: 98% completed the questionaire, 69% of those evaluated were at risk of developing the burnout syndrome. Conslusions: It is important to consider and evaluate the existence of this syndrome in health care workers.
(Key words: burnout, health care workers).
INTRODUCCIÓN
El término Burnout se refiere a un síndrome psicosocial descrito en los años 70 por Fredeunberger y que adquiere su real importancia posteriormente a raíz de los estudios de Maslach y Jackson1. Describe un tipo de prolongado estrés laboral e institucional generado en profesionales que mantienen una relación de ayuda y cuidado hacia los demás. Se caracteriza por deterioro de la fuerza física o emocional y su origen se basa en cómo los individuos mantienen su estado profesional ante situaciones de crisis, llevando a cambios en el desempeño del trabajo en forma parcial o totalmente irreversible. Se ve en personas que iniciaron su vida laboral con un alto nivel de entrega y vocación de servicio2,3 y abarca 3 aspectos específicos: agotamiento emocional, caracterizado por el sentimiento de estar sobrepasado en los recursos personales y “no poder dar más” a los demás; la despersonalización, caracterizada por la percepción negativa que desarrolla el personal hacia los pacientes, que se traduce en pérdida de empatía y actitudes de irritabilidad y desmotivación, y finalmente, la sensación de reducido logro personal que es la pérdida del sentimiento de competencia y de realización exitosa del trabajo. Se acompaña de síntomas físicos y conductuales, incluido el abuso de sustancias. Este síndrome se asocia con elementos laborales y organizacionales como la presencia de fuentes de tensión en el trabajo, estructura de los programas institucionales y trabajo en equipo, constituyendo una enfermedad multivariable en su etiología, lo que dificulta las estrategias de prevención4. La epidemiología también es muy variable y no hay acuerdo entre los autores, si bien aparecen algunas coincidencias en relación a la sobrecarga de trabajo5,6, al tiempo de contacto con los pacientes y la complejidad de éstos, siendo el personal de enfermería el que habitualmente presenta los más altos niveles de Burnout7-10. El objetivo del estudio fue establecer la prevalencia de esta enfermedad entre los trabajadores del Hospital pediátrico Roberto del Río y determinar las variables más frecuentemente involucradas en su desarrollo.
MATERIAL Y MÉTODO
Estudio realizado entre mayo y septiembre del 2002. Todos los trabajadores del hospital fueron candidatos teóricos. No hubo criterios de exclusión. El cuestionario se realizó en forma autoadministrada, en el lugar de trabajo de cada encuestado y las dudas surgidas de las preguntas eran aclaradas en el mismo momento. Dos personas debidamente entrenadas fueron las encargadas de entregar y retirar las encuestas. Fueron encuestadas 255 personas del personal de salud, el 80% de sexo femenino, el 50% con más de 40 años de edad. El instrumento fue el cuestionario llamado “actitudes ante el trabajo”, versión validada para profesionales sanitarios chilenos (Esparza C., Guerra P., Martínez M.; Determinación de los niveles de Burnout en Profesionales del área de la Salud de la Quinta Región; Memoria de Título, U.C. Valparaíso, Escuela de Psicología, 1995/Figueroa M., Gutiérrez A., Hernández M., Setiein A.; Validación empírica del cuestionario actitudes ante el trabajo para Síndrome de Burnout en Profesionales de la Salud Quinta Región; Memoria de Título, U.C. Valparaíso, Escuela de Psicología, 1997) y diseñado a partir de 2 instrumentos clásicos para la medición del Burnout: “Staff Burnout for Health Professionals” creado por Jones en 1980 y “Maslach Burnout Inventory” de Maslach y Jackson en 198111,12, ambos con validación internacional y alto nivel de confiabilidad. Consta de 65 preguntas de múltiple elección que se agrupan en 8 subescalas de evaluación o categorías. El análisis se realiza según puntaje de corte, que consiste en calcular cuántas respuestas indican presencia de Burnout para cada una de las categorías señaladas, según los valores asignados en cada ítem para cada pregunta. Una vez asignadas las puntuaciones, se suman para cada categoría y se clasifican en relación a su intensidad en alta, media o baja. A partir de esta clasificación se cuenta el número de categorías que caen en cada una de estas intensidades y se clasifica al encuestado en el nivel de Burnout correspondiente a través de un esquema predefinido: Síndrome de Burnout plenamente constituido, Proclividad (alto riesgo de presentarlo en el tiempo) y sin síntomas de Burnout. Valora los aspectos fundamentales del Síndrome por separado y además se incluyen variables sociodemográficas de interés en el análisis. Los resultados se presentan en forma de porcentajes. Las comparaciones de estos se efectuaron por medio de X2, aceptando un error alfa de 5%.
RESULTADOS
La tasa de respuesta fue de 98%. Cinco encuestas fueron desechadas por datos incompletos. De las 250 encuestas analizadas, (que corresponde al 26,4% de los trabajadores del Hospital) 136 fueron contestadas por auxiliares Paramédicos, 48 por Médicos de staff, 32 fueron contestadas por Enfermeras, 24 por Médicos Becados, 6 por Kinesiólogos, 2 por Nutricionistas y 2 por Tecnólogos Médicos. El resultado final arrojó un 31% de síndrome de Burnout, un 38% de Proclividad y un 31% sin Burnout. En el resto de los parámetros analizados se agruparon los casos sintomáticos (Sd de Burnout + Proclividad) los que fueron comparados con el grupo asintomático. La distribución según edad, sexo, estado civil y antigüedad laboral no mostró diferencias significativas entre los casos sintomáticos y los sin Burnout. Al analizar por profesión (tabla 1) el más alto porcentaje se encuentra entre las enfermeras pero no constituye una diferencia significativa con las demás profesiones, lo que tampoco se ve al analizar cada diagnóstico por separado (tabla 2). La distribución por Servicio clínico (tabla 3) mostró mayor frecuencia de casos sintomáticos en el Servicio de Medicina y la menor en la Unidad de Cuidados Intensivos, lo que es estadísticamente significativo y se mantiene al analizar cada diagnóstico por separado (tabla 4). El resultado obtenido en Cirugía se debe analizar con precaución debido al poco número de encuestas realizada en ese servicio. Según las horas de trabajo semanal se aprecia una relación proporcional entre horas trabajadas y ocurrencia de síntomas, la que también es estadísticamente significativa, con un 50% de casos en los que trabajan 44 horas o menos y un 80% para los que trabajan más de 60 horas. Al analizar el número y porcentaje de encuestas que tuvieron alta puntuación (en rango de Sd. Burnout) por categoría, independiente del diagnóstico final obtenido, se observa un alto porcentaje de encuestas positivas para las categorías de Agotamiento emocional y Fuentes de tensión en el trabajo. El valor cercano al 30% obtenido para trastornos conductuales no es despreciable, ya que involucra todo lo relacionado con abuso de sustancias y conductas de riesgo (tabla 5).
Tabla 1. Diagnóstico de casos sintomáticos (Burnout + Proclividad) por profesión
Tabla 2. Distribución del diagnóstico en relación a la profesión
Tabla 3. Casos sintomáticos por Servicio Clínico
Tabla 4. Distribución de diagnósticos según Servicios Clínicos
Tabla 5. Presencia de Burnout por categoría
COMENTARIO Y CONCLUSIONES
Se trata de una patología altamente prevalente. La frecuencia de casos sintomáticos aumenta linealmente con las horas de trabajo semanal, llegando hasta un 83% entre los trabajadores con más de 60 horas a la semana. Todas las profesiones se ven afectadas en un alto porcentaje no encontrándose diferencia significativa entre ellas, lo que contrasta con lo encontrado en la literatura. Todas las categorías que contempla la encuesta presentan un alto porcentaje de casos sintomáticos. La que dice relación con las Fuentes de tensión laboral es importante porque es aquí donde se puede intervenir a modo de prevención (sistemas de trabajo, horarios, tiempo libre, actividades extralaborales, incentivos, sueldo, entorno laboral, etc). Con respecto a los Servicios Clínicos, destaca la UCI con el menor porcentaje de casos sintomáticos, probablemente por el hecho de que para tratar la patología grave es imprescindible el trabajo en equipo de todo el personal involucrado, por lo que la significación del trabajo y la autoestima pudieran estar acá menos deteriorados. Este último resultado, sin embargo, no es lo que habitualmente se observa en trabajos internacionales donde justamente se invoca como factor favorecedor para el desarrollo de la enfermedad, el contacto con pacientes complejos y graves y el contacto con la muerte13,14.
No hubo diferencias significativas en otras variables, incluyendo sexo, edad, condición civil y antigüedad laboral. Esto no se modificó al analizar solamente al grupo de 76 personas que presentaron el Sd. de Burnout con todas sus características, de modo que no es posible, con el presente trabajo, definir variables sociodemográficas de riesgo.
El principal aporte de este estudio es poner de manifiesto una realidad en salud hasta ahora poco conocida pero muy importante en sus implicancias, por lo que debería ser considerada en las estrategias de prevención y promoción. Al tratarse de una enfermedad tan multifactorial en sus orígenes, necesariamente la intervención debería ser multidisciplinaria y con la participación activa de otros sectores, aparte del de Salud.
AGRADECIMIENTO
A la Sra. Aída Suárez, Técnico Paramédico del Hospital Roberto del Río, por su ayuda a la realización de este trabajo.
REFERENCIAS
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2.- Kalimo R, Mejman C: Respuesta psicológica y de conducta al stress laboral. Rev OMS 1988; [ Links ]
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1. Becaria de Pediatría. Pediatra Residente Unidad de Cuidados Intensivos Hospital Roberto del Río. Universidad de Chile.
Trabajo recibido el 9 de septiembre de 2004, devuelto para corregir el 20 de septiembre de 2004, segunda versión el 15 de octubre de 2004, aceptado para publicación el 18 de octubre de 2004.
ARTÍCULO ORIGINAL
Prevalencia de Burnout en trabajadores del hospital Roberto del Río
Prevalence of Burnout at the Roberto del Rio Hospital
Nadia Ordenes D.1
Resumen
Introducción: El síndorme de Burnout corresponde a un síndrome psicoemocional que se presenta en individuos cuyo trabajo implica atención y cuidado a otros. Aspectos claves del síndrome son una intensa sensación de cansancio emocional, despersonalización y tendencia a evaluarse negativamente en su trabajo. Objetivo: Establecer la prevalencia de esta enfermedad en el Hospital Roberto del Río y las variables epidemiológicas de riesgo. Método: Estudiamos una muestra de 250 profesionales a los que se les aplicó el instrumento de medida del Síndrome de Burnout de forma autoadministrada, entre mayo y septiembre de 2002. Se hizo estadística descriptiva con comparación de porcentajes por X2. Resultados: Obtuvimos un 98% de respuestas. 69% de los evaluados tienen o están en riesgo de desarrollar el Síndrome de Burnout. Conclusiones: Es importante considerar y evaluar la existencia de este Síndrome con el fin de corregir los factores involucrados en su desarrollo.
(Palabras clave: Burnout, trabajadores de la salud).
Introduction: Burnout is a psycho-emotional syndrome which presents in individuals whose work involves the attention and care of others. Key manifestations are an intense feeling of emotional tiredness, despersonalization and a trend to underestimate one´s own work. Objective: To study the prevalence of this disease at the Roberto del Rio Hospital and to provide some epidemiological variables of risk. Method: A sample of 250 profesionals were studied using a Burnout Syndrome questionaire, completed by the subjects between May and September 2002. Descriptive statistics were used and comparison of percentages using the Ji square test. Results: 98% completed the questionaire, 69% of those evaluated were at risk of developing the burnout syndrome. Conslusions: It is important to consider and evaluate the existence of this syndrome in health care workers.
(Key words: burnout, health care workers).
INTRODUCCIÓN
El término Burnout se refiere a un síndrome psicosocial descrito en los años 70 por Fredeunberger y que adquiere su real importancia posteriormente a raíz de los estudios de Maslach y Jackson1. Describe un tipo de prolongado estrés laboral e institucional generado en profesionales que mantienen una relación de ayuda y cuidado hacia los demás. Se caracteriza por deterioro de la fuerza física o emocional y su origen se basa en cómo los individuos mantienen su estado profesional ante situaciones de crisis, llevando a cambios en el desempeño del trabajo en forma parcial o totalmente irreversible. Se ve en personas que iniciaron su vida laboral con un alto nivel de entrega y vocación de servicio2,3 y abarca 3 aspectos específicos: agotamiento emocional, caracterizado por el sentimiento de estar sobrepasado en los recursos personales y “no poder dar más” a los demás; la despersonalización, caracterizada por la percepción negativa que desarrolla el personal hacia los pacientes, que se traduce en pérdida de empatía y actitudes de irritabilidad y desmotivación, y finalmente, la sensación de reducido logro personal que es la pérdida del sentimiento de competencia y de realización exitosa del trabajo. Se acompaña de síntomas físicos y conductuales, incluido el abuso de sustancias. Este síndrome se asocia con elementos laborales y organizacionales como la presencia de fuentes de tensión en el trabajo, estructura de los programas institucionales y trabajo en equipo, constituyendo una enfermedad multivariable en su etiología, lo que dificulta las estrategias de prevención4. La epidemiología también es muy variable y no hay acuerdo entre los autores, si bien aparecen algunas coincidencias en relación a la sobrecarga de trabajo5,6, al tiempo de contacto con los pacientes y la complejidad de éstos, siendo el personal de enfermería el que habitualmente presenta los más altos niveles de Burnout7-10. El objetivo del estudio fue establecer la prevalencia de esta enfermedad entre los trabajadores del Hospital pediátrico Roberto del Río y determinar las variables más frecuentemente involucradas en su desarrollo.
MATERIAL Y MÉTODO
Estudio realizado entre mayo y septiembre del 2002. Todos los trabajadores del hospital fueron candidatos teóricos. No hubo criterios de exclusión. El cuestionario se realizó en forma autoadministrada, en el lugar de trabajo de cada encuestado y las dudas surgidas de las preguntas eran aclaradas en el mismo momento. Dos personas debidamente entrenadas fueron las encargadas de entregar y retirar las encuestas. Fueron encuestadas 255 personas del personal de salud, el 80% de sexo femenino, el 50% con más de 40 años de edad. El instrumento fue el cuestionario llamado “actitudes ante el trabajo”, versión validada para profesionales sanitarios chilenos (Esparza C., Guerra P., Martínez M.; Determinación de los niveles de Burnout en Profesionales del área de la Salud de la Quinta Región; Memoria de Título, U.C. Valparaíso, Escuela de Psicología, 1995/Figueroa M., Gutiérrez A., Hernández M., Setiein A.; Validación empírica del cuestionario actitudes ante el trabajo para Síndrome de Burnout en Profesionales de la Salud Quinta Región; Memoria de Título, U.C. Valparaíso, Escuela de Psicología, 1997) y diseñado a partir de 2 instrumentos clásicos para la medición del Burnout: “Staff Burnout for Health Professionals” creado por Jones en 1980 y “Maslach Burnout Inventory” de Maslach y Jackson en 198111,12, ambos con validación internacional y alto nivel de confiabilidad. Consta de 65 preguntas de múltiple elección que se agrupan en 8 subescalas de evaluación o categorías. El análisis se realiza según puntaje de corte, que consiste en calcular cuántas respuestas indican presencia de Burnout para cada una de las categorías señaladas, según los valores asignados en cada ítem para cada pregunta. Una vez asignadas las puntuaciones, se suman para cada categoría y se clasifican en relación a su intensidad en alta, media o baja. A partir de esta clasificación se cuenta el número de categorías que caen en cada una de estas intensidades y se clasifica al encuestado en el nivel de Burnout correspondiente a través de un esquema predefinido: Síndrome de Burnout plenamente constituido, Proclividad (alto riesgo de presentarlo en el tiempo) y sin síntomas de Burnout. Valora los aspectos fundamentales del Síndrome por separado y además se incluyen variables sociodemográficas de interés en el análisis. Los resultados se presentan en forma de porcentajes. Las comparaciones de estos se efectuaron por medio de X2, aceptando un error alfa de 5%.
RESULTADOS
La tasa de respuesta fue de 98%. Cinco encuestas fueron desechadas por datos incompletos. De las 250 encuestas analizadas, (que corresponde al 26,4% de los trabajadores del Hospital) 136 fueron contestadas por auxiliares Paramédicos, 48 por Médicos de staff, 32 fueron contestadas por Enfermeras, 24 por Médicos Becados, 6 por Kinesiólogos, 2 por Nutricionistas y 2 por Tecnólogos Médicos. El resultado final arrojó un 31% de síndrome de Burnout, un 38% de Proclividad y un 31% sin Burnout. En el resto de los parámetros analizados se agruparon los casos sintomáticos (Sd de Burnout + Proclividad) los que fueron comparados con el grupo asintomático. La distribución según edad, sexo, estado civil y antigüedad laboral no mostró diferencias significativas entre los casos sintomáticos y los sin Burnout. Al analizar por profesión (tabla 1) el más alto porcentaje se encuentra entre las enfermeras pero no constituye una diferencia significativa con las demás profesiones, lo que tampoco se ve al analizar cada diagnóstico por separado (tabla 2). La distribución por Servicio clínico (tabla 3) mostró mayor frecuencia de casos sintomáticos en el Servicio de Medicina y la menor en la Unidad de Cuidados Intensivos, lo que es estadísticamente significativo y se mantiene al analizar cada diagnóstico por separado (tabla 4). El resultado obtenido en Cirugía se debe analizar con precaución debido al poco número de encuestas realizada en ese servicio. Según las horas de trabajo semanal se aprecia una relación proporcional entre horas trabajadas y ocurrencia de síntomas, la que también es estadísticamente significativa, con un 50% de casos en los que trabajan 44 horas o menos y un 80% para los que trabajan más de 60 horas. Al analizar el número y porcentaje de encuestas que tuvieron alta puntuación (en rango de Sd. Burnout) por categoría, independiente del diagnóstico final obtenido, se observa un alto porcentaje de encuestas positivas para las categorías de Agotamiento emocional y Fuentes de tensión en el trabajo. El valor cercano al 30% obtenido para trastornos conductuales no es despreciable, ya que involucra todo lo relacionado con abuso de sustancias y conductas de riesgo (tabla 5).
Tabla 1. Diagnóstico de casos sintomáticos (Burnout + Proclividad) por profesión
Tabla 2. Distribución del diagnóstico en relación a la profesión
Tabla 3. Casos sintomáticos por Servicio Clínico
Tabla 4. Distribución de diagnósticos según Servicios Clínicos
Tabla 5. Presencia de Burnout por categoría
COMENTARIO Y CONCLUSIONES
Se trata de una patología altamente prevalente. La frecuencia de casos sintomáticos aumenta linealmente con las horas de trabajo semanal, llegando hasta un 83% entre los trabajadores con más de 60 horas a la semana. Todas las profesiones se ven afectadas en un alto porcentaje no encontrándose diferencia significativa entre ellas, lo que contrasta con lo encontrado en la literatura. Todas las categorías que contempla la encuesta presentan un alto porcentaje de casos sintomáticos. La que dice relación con las Fuentes de tensión laboral es importante porque es aquí donde se puede intervenir a modo de prevención (sistemas de trabajo, horarios, tiempo libre, actividades extralaborales, incentivos, sueldo, entorno laboral, etc). Con respecto a los Servicios Clínicos, destaca la UCI con el menor porcentaje de casos sintomáticos, probablemente por el hecho de que para tratar la patología grave es imprescindible el trabajo en equipo de todo el personal involucrado, por lo que la significación del trabajo y la autoestima pudieran estar acá menos deteriorados. Este último resultado, sin embargo, no es lo que habitualmente se observa en trabajos internacionales donde justamente se invoca como factor favorecedor para el desarrollo de la enfermedad, el contacto con pacientes complejos y graves y el contacto con la muerte13,14.
No hubo diferencias significativas en otras variables, incluyendo sexo, edad, condición civil y antigüedad laboral. Esto no se modificó al analizar solamente al grupo de 76 personas que presentaron el Sd. de Burnout con todas sus características, de modo que no es posible, con el presente trabajo, definir variables sociodemográficas de riesgo.
El principal aporte de este estudio es poner de manifiesto una realidad en salud hasta ahora poco conocida pero muy importante en sus implicancias, por lo que debería ser considerada en las estrategias de prevención y promoción. Al tratarse de una enfermedad tan multifactorial en sus orígenes, necesariamente la intervención debería ser multidisciplinaria y con la participación activa de otros sectores, aparte del de Salud.
AGRADECIMIENTO
A la Sra. Aída Suárez, Técnico Paramédico del Hospital Roberto del Río, por su ayuda a la realización de este trabajo.
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1. Becaria de Pediatría. Pediatra Residente Unidad de Cuidados Intensivos Hospital Roberto del Río. Universidad de Chile.
Trabajo recibido el 9 de septiembre de 2004, devuelto para corregir el 20 de septiembre de 2004, segunda versión el 15 de octubre de 2004, aceptado para publicación el 18 de octubre de 2004.
BURNOUT EN PROFESIONALES DE ENFERMERÍA QUE TRABAJAN EN CENTROS ASISTENCIALES DE LA OCTAVA REGIÓN, CHILE.*
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Ciencia y enfermería
versión On-line ISSN 0717-9553
Cienc. enferm. v.14 n.2 Concepción dic. 2008
CIENCIA y ENFERMERÍA XIV (2): 75-85, 2008
INVESTIGACIONES
BURNOUT EN PROFESIONALES DE ENFERMERÍA QUE TRABAJAN EN CENTROS ASISTENCIALES DE LA OCTAVA REGIÓN, CHILE.*
BURNOUT IN NURSING PROFESSIONALS WORKING IN HEALTH CENTERS AT THE EIGHTH REGIÓN, OF CHILE.
ANGÉLICA MELITA RODRÍGUEZ **, MÓNICA CRUZ PEDREROS***, JOSÉ MANUEL MERINO****
** Enfermera Magíster en Enfermería. Profesor Asistente, Departamento de Enfermería Facultad de Medicina Universidad de Concepción, Concepción, Chile. Reanimadora de SAMU Hospital Las Higueras Talcahuano, Chile .E-mail: angelicar21@gmail.com
*** Enfermera. Magíster en Enfermería, Profesor Titular, Departamento de Enfermería, Facultad de Medicina Universidad de Concepción, Chile. E-mail: mocruz@udec.cl
**** PhD Sociology, Profesor Titular Departamento de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Concepción, Concepción, Chile. Email: jmerino@udec.cl
RESUMEN
Investigación cuantitativa, descriptiva y correlacional cuyo objetivo fue determinar la presencia de estrés laboral crónico o burnout y su probable relación con factores sociales y laborales, en los profesionales de enfermería que trabajan en Unidades de Emergencias (UE) y Servicios de Atención Médica de Urgencia (SAMU) de la Octava Región, Chile. Se trabajó con el universo conformado por 91 enfermeras(os), siendo 57 de UE y 34 de SAMU. Se utilizaron dos instrumentos recolectores de datos; el primero elaborado por la autora, que recogió información sobre variables sociodemográficas y laborales. El segundo correspondió a la Escala de Maslach Burnout Inventory (MBI); que midió el desgaste profesional producto del estrés laboral crónico y los tres aspectos del síndrome de Burnout, que corresponden a cansancio emocional, despersonalización y realización profesional. Los resultados más relevantes del estudio mostraron que más del 50% de estos profesionales corresponden a adultos jóvenes, solteros(as) y sin hijos; presentando menos de 10 años de experiencia laboral, la mayoría realiza cuarto turno. El grupo de profesionales evidenció presentar burnout en una intensidad intermedia, que estaría principalmente influenciado por variables laborales como la percepción de recursos insuficientes y la realización de exceso de turnos, al mismo tiempo el grupo de mayor edad evidenció más cansancio emocional y los viudos o separados presentaron menos despersonalización que el resto de los encuestados.
Palabras Claves: Estrés laboral crónico, Burnout, Enfermeros(as) Emergencias y SAMU.
SUMMARY
This cross sectional study is a correlational research whose principal objective was determinating the presence of chronic labour stress or burnout and its probably relationships with labour and social factors of nursing profes-sionals working in Emergency Rooms and UMAS (Urgency Medical Atention Service) at the Eighth Región of Chile. We work with the total universe constituted by ninety-one nursing professionals: fifty-seven nurses or male nurses of emergency unities and thirty-four of UMAS. We utilized two intruments to collect the information. The first one was made by the author, and their purposes were collecting information about socio-demographical, and labors variables. The second questionnaire correspond to the Maslach Burnout Inventory (MBI) that meas-ures emotional tiredness, dispersonalization, and professional fullfiment between nursing professionals as an outcome of stress at the working conditions. The most outstanding results of this study showed that more than 50% of nursing professional working in the crash unity are single young-adults, without children, and having not more than 10 years of work experience; most of them often working on night-turn. These ER and UMAS group of nursing professionals displayed middle-intensity burnout; the principal influence acting on this illness coming from work variables, like the perception of insufficient resources in the unities and the excess of night turns; The older group showed more emotional tiredness while separated and widowers professional presented less depersonalization than the rest of these professionals.
Keywords: chronic labor stress, burnout, nursing professionals, emergency rooms and SAMU.
INTRODUCCIÓN
Está comprobado que las situaciones límite o extremas son las que generan mayor estrés en los individuos, ya que los someten a un estado de alerta que los prepara para enfrentar el acontecimiento que se ha percibido como amenazante. (Lazarus Folkman, 1986). Uno de los lugares en los que se puede encontrar escenarios que ponen a prueba el temple del ser humano, son las Unidades de Emergencia (UE), en donde a cada segundo puede ocurrir un evento en que se pone en juego la vida de las personas. A su vez, en los últimos años ha surgido otra Unidad en la cual los profesionales que trabajan en ella se ven enfrentados a situaciones extremas, esto es el Servicio de Atención Médica de Urgencia (SAMU). Se debe considerar además, que el trabajo en estas unidades, exige profesionales altamente capacitados, sin embargo, en estos lugares suceden múltiples hechos que pueden generar estrés y por lo tanto afectar el rendimiento y la capacidad laboral del individuo, lo que directa o indirectamente puede repercutir en la atención al usuario.
Actualmente, existen múltiples investigaciones que abordan la presencia de estrés laboral crónico o burnout en profesionales de Enfermería; todas ellas concluyen que la etiología es el resultado de un cúmulo de factores estresantes asociados al desempeño de la profesión y que sobrepasan los recursos de afrontamientos personales (Braham, 1999; Mingóte Pérez, 2002; Ferrer, 2002). Por tal motivo se consideró de importancia investigar en el tema, ya que en el país existen pocos estudios que aborden esta problemática específica de los profesionales de enfermería que trabajan en las UE y SAMU de la Octava Región.
La actividad laboral es por sí misma generadora de estrés, ya que determina la exposición del empleado a ciertos estresores, que según como sean vividos, resueltos y afrontados, determinan la respuesta individual, sea adaptativa (aprendizaje, adaptación) o desadaptativa (desgaste e insatisfacción), (Carmona, Sanz Marín, 2002). Se han descrito varias características que influyen en la salud del trabajador, destacando: el tamaño de la empresa, la responsabilidad que se tiene, las disfunciones de rol y la falta de participación en la toma de decisiones (Mingóte, 1997; Epstein, 2001). De esta manera, al relacionar estrés y trabajo, surge una muy variada cantidad de exigencias. La necesidad de satisfacción, la de autoestima y la de realización personal, cumplen un papel destacado para encontrarle sentido a la actividad que se realice (Llor Abad, 1995). Es así como el estrés laboral se puede definir como: "El desequilibrio percibido entre las demandas profesionales y la capacidad de la persona para llevarlas a cabo" (Cruz Marín Vargas Fernandez, 1998). En relación con el estrés profesional, surge el termino burnout o síndrome de desgaste profesional, que describe la pérdida progresiva de energía, hasta llegar al agotamiento, síntomas de ansiedad y depresión, así como desmotivación para el trabajo, presente en trabajadores que desarrollan su actividad laboral con personas (Sánchez, 2003). Actualmente, este síndrome se define como el agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal. El agotamiento emocional, se refiere a la disminución y pérdida de los recursos emocionales; la despersonalización o deshumanización, consiste en el desarrollo de actitudes negativas, de insensibilidad hacia los receptores del servicio prestado y la falta de realización personal se relaciona con la tendencia a evaluar el propio trabajo de forma negativa, con vivencias de insatisfacción profesional y baja autoestima personal. Este síndrome estaría dado exclusivamente en profesionales de servicios (Maslach Jackson, 1981) y debe ser entendido como una respuesta al estrés laboral que aparece cuando fallan las estrategias de afrontamiento que suele emplear el profesional. El Modelo de Peiró y Salvador (Peiró Salvador, 1993), explica el burnout como respuesta al estrés laboral, en el cual una vez percibida la situación como estresante han de aparecer estrategias de afrontamiento que deben neutralizar los estresores, haciendo desaparecer las discrepancias entre demandas y recursos, puesto que la fuente de estrés persistirá en la relación cotidiana del profesional con su entorno; es decir, la situación estresora debe dejar de ser vivida como tal. En caso contrario llevarían a fracaso profesional y fracaso de las relaciones interpersonales con los sujetos receptores del servicio, provocando un sentimiento de baja realización personal en el trabajo y agotamiento emocional, que desembocaría en una actitud de despersonalización como forma de afrontamiento, que son las variables que indican la instauración del burnout. Si se mantienen en el tiempo los estresores y no se resuelve la situación, aparecerían consecuencias negativas para el individuo y la organización (Gil-Monte Peiró, 1997).
Estudios recientes aportan mayor información en relación a esta temática; Albadejo y Villanueva (2004), corroboraron a través de su estudio, que los profesionales que trabajan en unidades de alta demanda física y psicológica, como en las Unidades de Urgencia y Oncología, las que presentaron niveles más elevados de burnout. Sánchez-Rodríguez y De Lucas García (2001), pesquisaron que la presencia de burnout en el personal sanitario prehospitalario, correspondía principalmente a niveles intermedios a bajos. Los profesionales con hijos, los que presentaban mayor antigüedad profesional y más años dedicados a la emergencia, obtuvieron puntajes más elevados para cansancio emocional y burnout. Los profesionales que realizaban turnos de 17 horas (tarde-noche) y los que no estaban de acuerdo con su tipo de turno presentaron el puntaje más elevado para este síndrome y sus subescalas. También se pesquisó que los profesionales con problemas de relaciones interpersonales en su trabajo presentaban altos niveles de burnout y baja realización profesional. A su vez Pera y Serra-Prat (2002) a través de su estudio pesquisaron un elevado porcentaje de este Síndrome en el personal administrativo y bajo en enfermeras. Para las escalas de cansancio emocional y despersonalización, los resultados evidenciaron alto porcentaje de burnout en los varones y sólo para cansancio emocional se observó una elevada presencia en viudos. Los de mayor edad presentaron índices más altos de burnout, los que tenía hijos evidenciaban niveles medios en la escala de cansancio emocional. Otro trabajo que entrega datos en relación a la presencia de burnout en profesionales del área de la salud es el de Hernández (2003), en donde se concluyó que el bajo reconocimiento profesional se asociaba a respuestas de estrés y de burnout. Este síndrome, afectó fundamentalmente a las mujeres médicas de la atención primaria y se detectó la presencia de síntomas de estrés en las enfermeras del mismo nivel de atención. Quiroz y Saco Méndez (2003), encontraron asociación estadística para burnout y las variables sexo masculino, profesión de médico, tiempo de servicio mayor de 12 años, baja motivación laboral, baja satisfacción laboral. A su vez se pesquisó baja asociación estadística con el trabajo mayor a 40 horas semanales, menos de 6 horas de esparcimiento a la semana, otros trabajos fuera del hospital y convivencia.
El objetivo general de este estudio fue determinar la presencia de estrés laboral crónico o burnout y su probable relación con factores sociales y laborales, en los profesionales de Enfermería que trabajan en UE y SAMU, de la Octava Región.
MATERIAL Y MÉTODO
El presente estudio correspondió a una investigación de tipo cuantitativa, descriptiva y correlacional, que investigó la presencia de burnout en profesionales de enfermería que trabajaban en UE y SAMU, en los principales Centros Asistenciales de la Octava Región, correspondiendo estos a los Hospitales Base de Curanilahue, Chillan, Los Ángeles, Talcahuano y Concepción. El universo estuvo constituido por todos los profesionales de enfermería que trabajaban en estas Unidades, correspondiendo a 98 personas. La población real del estudio quedó formada por 91 profesionales de enfermería, ya que por motivos de licencia médica u otros, no se encontraban en su lugar de trabajo durante el período de aplicación de las encuestas, además 3 se negaron a responderlas, siendo en total 57 enfermeros (as) que trabajaban en UE y 34 en SAMU.
Para la aplicación de las encuestas y desarrollo del estudio se solicitó autorización a los supervisores délos Servicios involucrados en el estudio. Las encuestas fueron autoadministradas de forma voluntaria y su distribución se realizó con la colaboración de estos directivos. Para este efecto se adjuntó un consentimiento informado, el cual contempló los aspectos éticos de confidencialidad de la información atorgada, asegurando el anonimato del encuestado, además este documento explicaba de forma clara y simple los objetivos del estudio. El instrumento recolector de datos constó de un cuestionario elaborado por los investigadores que contenía preguntas en relación a variables sociodemográficas y laborales. El segundo cuestionario correspondió a la escala de Maslach Burnout Inventory (MBI), instrumento utilizado para medir estrés laboral crónico o burnout, la que entrega el estado en que el sujeto se encuentra dentro de estas tres dimensiones (alto nivel, medio y bajo). Para la validación del instrumento se utilizó la correlación de Pearson cuando se empleaban variables continuas y la correlación de Spearman's Rho cuando se empleaban variables no continuas. La confiabilidad se comprobó mediante el alfa de Cronbach. Los resultados establecieron que el instrumento MBI presentaba una elevada validez y confiabilidad, con lo que se concluye que este instrumento es seguro de utilizar.
El procesamiento de datos se efectuó en la Unidad de Estadística del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Concepción, mediante los programas EPIINFO (5,0). SPSS 12,0 para Windows y planilla Excel. El análisis que se realizó fue principalmente descriptivo y se expresó mediante estadígrafos de tendencia central más la utilización de T de Student y ANOVA.
RESULTADOS
Del total de profesionales encuestados, un 62,6 % trabajaba en UE y un 37, 4 % en SAMU, ubicándose en las edades comprendidas entre 22 y 39 años. En ambos lugares de trabajo las enfermeras(os) que tenían entre 22 y 29 años de edad obtuvieron porcentajes similares, correspondiendo a un 41,2 % para enfermeras (os) de SAMU y de un 46,3% para profesionales de las UE. Entre los 30 y 39 años de edad, el mayor porcentaje se ubicó en las enfermeras(os) de SAMU con un 55,9% y un 27, 8 % correspondió a los profesionales de las UE.
En relación al número de hijos, se encontró que el 67,6 % y el 49,1 % de los enfermeras(os) de SAMU y UE respectivamente no tenían hijos. Los que dijeron tener 1 a 2 hijos correspondió al 29,4 % en SAMU y a un 40,4 % en UE, siendo en su mayoría (54,5 %) menores de 5 años para el grupo de enfermeras(os) SAMU.
Profesionales de Enfermería que Trabajan en Unidades de Urgencia y SAMU de VIII Región, Chile, 2005. Tesis para optar al Grado de Magíster en Enfermería.
En lo que respecta a años de experiencia laboral, el 87,5 % de los profesionales de SAMU poseía menos de 10 años y los que trabajaban en UE, menos de 6. El tipo de turno efectuado en ambos servicios correspondió al denominado cuarto turno, en un 90 % para los de SAMU y en un 43,6 % para los de UE. En relación a los recursos que poseen en sus unidades de trabajo, el 61,8 % de las enfermeras(os) de SAMU respondió que eran suficientes, no así los que laboraban en las UE que refirieron poseer recursos insuficientes. El 50 % de los profesionales de SAMU ejercían un trabajo extra, remunerado, independiente a su contrato en el hospital; en cambio, el 75,4 % de las enfermeras (os) de las UE ejercían sólo en su unidad de trabajo. Referente a ocupar cargos administrativos y de supervisión, en ambos grupos se obtuvieron porcentajes similares, con un 14, 7 % para aquellos que trabajan en SAMU y un 15,8 % para los de UE. En cuanto a la realización de actividades diferentes al ámbito de su profesión, como participar en grupos comunitarios u otros, el 76,5 % de las enfermeras (os) de SAMU y el 68,4 % de los que trabajaban en UE respondieron no realizar este tipo de actividades.
El grupo de profesionales que tenía entre 50 y 59 años de edad presentaron niveles más elevados de cansancio emocional (puntaje de 29,86), en relación a los profesionales en otros rangos etáreos.
Si bien se pesquisó que el estado civil no influyó en la presencia de burnout, se pudo apreciar que los viudos y separados presentaron niveles bajos de despersonalización promediando 3.4 para esta subescala.
Los años de experiencia laboral no presentaron una significancia estadística en la presencia de burnout o sus subescalas, se observó que el grupo de profesionales con menor experiencia laboral presentaba puntajes más elevados para burnout (64.63), cansancio emocional (21.42) y despersonalización (9.71), que el resto de profesionales. A su vez los con mayor experiencia laboral presentaron niveles más elevados de baja realización profesional (36.61).
La presencia de burnout y sus subdimensiones en este grupo de profesionales fue de intensidad intermedia, con un promedio de 62.57 para la escala global de burnout y de un 19.58 para cansancio emocional, de un 8.15 para despersonalización y de un 34.85 para baja realización profesional.
En cuanto al tipo de turno que realizaban y la presencia de burnout y sus subescalas, se encontró diferencia estadísticamente significativa entre los enfermeros que efectuaban un tipo de turno denominado 4o turno modificado, el que corresponde a la realización de turnos adicionales al cuarto turno tradicional, en relación a los que trabajaban sólo en cuarto turno o de forma diurna exclusiva, es así como este grupo de profesionales presentó niveles más elevados para baja realización profesional, promediando 30,75 puntos en esta subescala. A su vez para cansancio emocional, sin presentar una significancia estadística, el grupo de profesionales que realizaba el cuarto turno modificado también presentó niveles más elevados en esta dimensión, que el resto de enfermeros(as) que trabajaba en otros tipos de turnos o en forma diurna, promediando para esta subescala 24 puntos.
Por otra parte, los profesionales que refirieron tener insuficientes recursos en su unidad de trabajo evidenciaron niveles elevados de cansancio emocional (correspondiendo a niveles intermedios) presentando un promedio de 22.86 puntos, y para realización profesional, promediaron el puntaje más bajo (33.28), lo que refleja una baja realización profesional; estos resultados obtuvieron gran significancia estadística; sin embargo, para la escala global de burnout y despersonalización este grupo de profesionales presentó niveles más elevados que los que refirieron una percepción de recursos suficientes en su unidad de trabajo, promediando 64.72 y 22.86 puntos, respectivamente.
La realización de otros trabajos extra remunerados, el ejercicio de algún cargo de coordinación y la práctica de actividades diferentes a lo profesional o participación en grupos de la comunidad no presentaron relación estadísticamente significativa en la presencia de Burnout y sus subescalas.
DISCUSIÓN
Los hallazgos de este estudio mostraron que el número de profesionales de enfermería que trabaja en UE y SAMU de los principales centros hospitalarios de la Octava Región son insuficientes en relación a la alta densidad de población que les corresponde atender, siendo la Octava Región la segunda con mayor población, 1 853 678 habitantes y 50 hab/km2, después del área metropolitana, representando alrededor del 13 % de la población según censo de 2002 (INE, 2006). Esto lleva consigo una mayor carga laboral con jornadas de más de 8 horas diarias, con turnos rotatorios con la consecuente alteración del biorritmo, trato con pacientes críticos y unidos a recursos insuficientes, constituyendo éstos factores de riesgo en la aparición de síndrome de burnout.
En cuanto al perfil sociodemográfico, el total de profesionales encuestados se caracterizó por ser adultos jóvenes predominantemente solteros y sin hijos. Al comparar la edad de estos profesionales con los que trabajan en el SAMUR de España (Sánchez-Rodríguez De Lucas García, 2001), se observó que acá también predominan la edades entre 30 y 39 años pero sin hijos, pero a diferencia de los enfermeros de nuestra Región, en su mayoría son casados.
En cuanto a los principales aspectos laborales se encontró que los enfermeros(as) que trabajan en estas unidades de choque llevan ejerciendo menos de 10 años, lo que puede estar relacionado directamente con los años que tiene el SAMU en nuestra Región, ya que es un servicio relativamente nuevo. A su vez, se observó que en las Unidades de Emergencia los profesionales de enfermería que se encontraban trabajando en ellas, tienen menos de 6 años de experiencia laboral. Ambos fenómenos estarían íntimamente relacionados con la edad que presentan estos profesionales, ya que la gran proporción corresponde a adultos jóvenes. Sánchez-Rodríguez y De Lucas García (2001), a través de su estudio revelan que los profesionales que trabajan en este tipo de unidades de emergencia en España, presentan un promedio de antigüedad en su profesión de 8.9 años, específicamente en unidades de emergencia 6.8 años, y trabajando en el SAMUR un promedio de 4.1 años; realidad que se asemeja a la situación que se da en nuestra región. Las horas trabajadas por el grupo de enfermeros que participó en esta investigación se distribuyen, principalmente en el denominado cuarto turno que consiste en 12 horas continuadas de trabajo diurno, al día siguiente se realizan 12 hrs. de noche disponiendo finalmente de dos días libres. En este aspecto, el trabajo de Sánchez-Rodríguez y De Lucas García (2001), también muestra que mayoritariamente los profesionales del SAMUR realizan un tipo de turno similar, pero de 17 horas llamado mañana-tarde; otro estudio realizado en Cuzco, Perú; revela que las enfermeros(as) realizan como promedio 36.9 horas semanales, siendo lo mínimo 36 horas y lo máximo 60 horas. Albadejo y Villanueva (2004), encontraron que los profesionales mayoritariamente realizaban turnos rotatorios que se distribuían entre mañana, tarde y noche, detectando en bajo porcentaje la realización de turnos continuados de 12 y hasta 24 horas.
En relación a la presencia del síndrome de burnout en el grupo de profesionales estudiados, se encontró que está presente en una intensidad intermedia; a su vez, se detectó cansancio emocional, despersonalización y realización profesional en niveles intermedios. Es decir este grupo no presenta niveles significativamente elevados, por lo que podemos interpretar que al existir presencia de burnout y de sus subescalas de cansancio emocional y despersonalización, se genera en forma inversa un nivel poco óptimo de realización profesional. Datos similares aporta el estudio de Albadejo y Villanue-va (2004), quienes encontraron que entre enfermeros(as) que trabajaban en diferentes unidades dentro de un hospital en Madrid -España, los que presentaban mayor nivel de burnout, agotamiento emocional y despersonalización, correspondía a los que trabajaban en las unidades de Urgencias y Oncología.
En cuanto a los factores relacionados con la presencia de burnout, se encontró que los sociodemográficos presentan un bajo impacto en este síndrome, destacándose la edad, ya que los profesionales de mayor edad evidenciaron presentar niveles más elevados de cansancio emocional, situación similar se manifiesta en los resultados del estudio realizado por Pera y Serra-Prat M (2002), el que revela que la edad se correlacionaba débilmente con la escala de cansancio emocional; sin embargo, los de mayor edad eran los que presentaron índices superiores de burnout. Otra variable que presentó cierta influencia en la presencia de las subdimensiones de burnout fue el estado civil o presencia de pareja, según los resultados obtenidos, los profesionales solteros y casados presentaron índices más elevados de despersonalización que los viudos y separados, a su vez los solteros evidenciaron una tendencia a niveles bajos de realización profesional. La investigación de Alvarez y Arce (2005), revela que la despersonalización y el cansancio emocional predominaba entre los profesionales que se encontraban con pareja; realidad que en parte se asemeja a la de los enfermeros(as) de estas unidades de choque, ya que de igual manera los que estaban casados presentaron puntuaciones más elevadas para despersonalización que los viudos y separados. Dicho fenómeno podría estar influenciado a su vez por la edad, ya que los profesionales más jóvenes y con menor experiencia laboral corresponden a personas solteras o recientemente casadas, y por lo cual, se ven enfrentados a múltiples situaciones que son nuevas para ellos generando estrés que se refleja en la presencia de cansancio emocional o baja realización profesional. En cuanto a los años de experiencia laboral o antigüedad laboral, no se encontró en este estudio relación estadísticamente significativa para la presencia de burnout y sus subescalas, situación similar se detectó en el estudio de Peray Serra-Prat (2002); quienes identificaron que los años de ejercicio profesional no se relacionaban con cambios en la escala de MBI. Sin embargo, existe evidencia en otras investigaciones que después de 10 años de antigüedad laboral, puede existir un periodo de sensibilización a partir del cual el profesional sería especialmente vulnerable a la aparición de este síndrome (Artiga, 2000; Albadejo Villanueva, 2004). Información similar entrega el trabajo de Quiroz y Saco Méndez (2003), quienes detectaron una fuerte asociación entre un tiempo de ejercicio laboral mayor a 12 años y la presencia de burnout.
Dentro de los factores relacionados con el ámbito laboral y que repercutieron en la presencia de este síndrome y sus subescalas fue la realización de un tipo de turno denominado cuarto turno modificado, en que el profesional, además de su cuarto turno debe realizar otros extras o trabajar horas adicionales al cuarto turno preestablecido. En relación a este punto existen antecedentes que revelan que la turnicidad somete al profesional a continuos cambios que le impiden la instauración de hábitos saludables y a su vez altera el mantenimiento de relaciones interpersonales (Gil-Monte Peiró, 1997; Alvarez Arce, 2005); al mismo tiempo este sistema produce alteración del biorritmo, lo cual incide directamente en la presencia de burnout, a su vez, el cansancio mental de los enfermeros(as) al trabajar de noche puede conllevar a una disminución de sus capacidades mentales, con disminución del rendimiento laboral (Mingóte Pérez, 2002). Otro estudio que detectó este fenómeno fue el de Sánchez-Rodríguez y De Lucas García (2001), el que identificó que los profesionales que realizaban un turno de 17 horas que correspondía a una tarde más la noche, presentaban los puntajes más altos para burnout y sus subescalas. El aspecto laboral que incidió fuertemente en la presencia de las sub-dimensiones de este síndrome fue la percepción de recursos insuficientes en la unidad en la cual trabajan, es decir, la percepción de que los recursos con los cuales se cuenta para desarrollar las actividades diarias dentro de la unidad son insuficientes, estarían influyendo de manera directa en la presencia de cansancio emocional y más intensamente en la presencia de una baja realización profesional. Si bien, no se encontraron estudios que abordaran específicamente este aspecto, la investigación de Quiroz y Saco Méndez (2003), establece una relación directa entre la falta de motivación y la presencia de burnout. En relación a esto, detectó que el 92% de los encuestados referían que era de suma importancia que los profesionales se desenvolvieran en buenas condiciones de trabajo, con comodidad y avances tecnológicos acorde a las funciones que desarrollaban, junto con ello expresaban la importancia de la capacitación permanente en función de las necesidades de sus trabajos. Con estos resultados se hace necesario dotar de recursos suficientes las unidades de trabajo de estos profesionales para propiciar el rendimiento adecuado de sus funciones.
Por último, cabe concluir que los profesionales de enfermería que trabajan en las UE y SAMU, unidades de choque, evidencian una tendencia a presentar estrés laboral crónico o Burnout, lo que los convierte en un grupo vulnerable dentro del ámbito asistencial, con tendencias a manifestar alteraciones físicas y psicológicas asociadas a este síndrome, lo que debe generar una inquietud en las autoridades de salud respectivas, para la formulación y aplicación de políticas de prevención primaria y secundaria. Además no deja de ser relevante la presencia de niveles medianamente elevados de despersonalización, ya que al ser profesionales que trabajan directamente con personas y que al estar relacionados con el dolor, sufrimiento del cuerpo y el alma, no pueden estar completamente ajenos de esta situación al punto que podría repercutir en la calidad de la atención que están entregando. Por otra parte, la presencia de moderada realización profesional, en trabajadores que se encuentran altamente capacitados, también genera una inquietud para averiguar los factores que estarían influyendo directamente en la aparición de este fenómeno. En relación a este último punto, la investigación realizada por Hernández (2003), entrega información en relación a que el bajo reconocimiento que percibían los enfermeros por su trabajo realizado se asociaba a la presencia de burnout, por lo tanto a baja realización profesional y a respuestas de estrés.
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Ciencia y enfermería
versión On-line ISSN 0717-9553
Cienc. enferm. v.14 n.2 Concepción dic. 2008
CIENCIA y ENFERMERÍA XIV (2): 75-85, 2008
INVESTIGACIONES
BURNOUT EN PROFESIONALES DE ENFERMERÍA QUE TRABAJAN EN CENTROS ASISTENCIALES DE LA OCTAVA REGIÓN, CHILE.*
BURNOUT IN NURSING PROFESSIONALS WORKING IN HEALTH CENTERS AT THE EIGHTH REGIÓN, OF CHILE.
ANGÉLICA MELITA RODRÍGUEZ **, MÓNICA CRUZ PEDREROS***, JOSÉ MANUEL MERINO****
** Enfermera Magíster en Enfermería. Profesor Asistente, Departamento de Enfermería Facultad de Medicina Universidad de Concepción, Concepción, Chile. Reanimadora de SAMU Hospital Las Higueras Talcahuano, Chile .E-mail: angelicar21@gmail.com
*** Enfermera. Magíster en Enfermería, Profesor Titular, Departamento de Enfermería, Facultad de Medicina Universidad de Concepción, Chile. E-mail: mocruz@udec.cl
**** PhD Sociology, Profesor Titular Departamento de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Concepción, Concepción, Chile. Email: jmerino@udec.cl
RESUMEN
Investigación cuantitativa, descriptiva y correlacional cuyo objetivo fue determinar la presencia de estrés laboral crónico o burnout y su probable relación con factores sociales y laborales, en los profesionales de enfermería que trabajan en Unidades de Emergencias (UE) y Servicios de Atención Médica de Urgencia (SAMU) de la Octava Región, Chile. Se trabajó con el universo conformado por 91 enfermeras(os), siendo 57 de UE y 34 de SAMU. Se utilizaron dos instrumentos recolectores de datos; el primero elaborado por la autora, que recogió información sobre variables sociodemográficas y laborales. El segundo correspondió a la Escala de Maslach Burnout Inventory (MBI); que midió el desgaste profesional producto del estrés laboral crónico y los tres aspectos del síndrome de Burnout, que corresponden a cansancio emocional, despersonalización y realización profesional. Los resultados más relevantes del estudio mostraron que más del 50% de estos profesionales corresponden a adultos jóvenes, solteros(as) y sin hijos; presentando menos de 10 años de experiencia laboral, la mayoría realiza cuarto turno. El grupo de profesionales evidenció presentar burnout en una intensidad intermedia, que estaría principalmente influenciado por variables laborales como la percepción de recursos insuficientes y la realización de exceso de turnos, al mismo tiempo el grupo de mayor edad evidenció más cansancio emocional y los viudos o separados presentaron menos despersonalización que el resto de los encuestados.
Palabras Claves: Estrés laboral crónico, Burnout, Enfermeros(as) Emergencias y SAMU.
SUMMARY
This cross sectional study is a correlational research whose principal objective was determinating the presence of chronic labour stress or burnout and its probably relationships with labour and social factors of nursing profes-sionals working in Emergency Rooms and UMAS (Urgency Medical Atention Service) at the Eighth Región of Chile. We work with the total universe constituted by ninety-one nursing professionals: fifty-seven nurses or male nurses of emergency unities and thirty-four of UMAS. We utilized two intruments to collect the information. The first one was made by the author, and their purposes were collecting information about socio-demographical, and labors variables. The second questionnaire correspond to the Maslach Burnout Inventory (MBI) that meas-ures emotional tiredness, dispersonalization, and professional fullfiment between nursing professionals as an outcome of stress at the working conditions. The most outstanding results of this study showed that more than 50% of nursing professional working in the crash unity are single young-adults, without children, and having not more than 10 years of work experience; most of them often working on night-turn. These ER and UMAS group of nursing professionals displayed middle-intensity burnout; the principal influence acting on this illness coming from work variables, like the perception of insufficient resources in the unities and the excess of night turns; The older group showed more emotional tiredness while separated and widowers professional presented less depersonalization than the rest of these professionals.
Keywords: chronic labor stress, burnout, nursing professionals, emergency rooms and SAMU.
INTRODUCCIÓN
Está comprobado que las situaciones límite o extremas son las que generan mayor estrés en los individuos, ya que los someten a un estado de alerta que los prepara para enfrentar el acontecimiento que se ha percibido como amenazante. (Lazarus Folkman, 1986). Uno de los lugares en los que se puede encontrar escenarios que ponen a prueba el temple del ser humano, son las Unidades de Emergencia (UE), en donde a cada segundo puede ocurrir un evento en que se pone en juego la vida de las personas. A su vez, en los últimos años ha surgido otra Unidad en la cual los profesionales que trabajan en ella se ven enfrentados a situaciones extremas, esto es el Servicio de Atención Médica de Urgencia (SAMU). Se debe considerar además, que el trabajo en estas unidades, exige profesionales altamente capacitados, sin embargo, en estos lugares suceden múltiples hechos que pueden generar estrés y por lo tanto afectar el rendimiento y la capacidad laboral del individuo, lo que directa o indirectamente puede repercutir en la atención al usuario.
Actualmente, existen múltiples investigaciones que abordan la presencia de estrés laboral crónico o burnout en profesionales de Enfermería; todas ellas concluyen que la etiología es el resultado de un cúmulo de factores estresantes asociados al desempeño de la profesión y que sobrepasan los recursos de afrontamientos personales (Braham, 1999; Mingóte Pérez, 2002; Ferrer, 2002). Por tal motivo se consideró de importancia investigar en el tema, ya que en el país existen pocos estudios que aborden esta problemática específica de los profesionales de enfermería que trabajan en las UE y SAMU de la Octava Región.
La actividad laboral es por sí misma generadora de estrés, ya que determina la exposición del empleado a ciertos estresores, que según como sean vividos, resueltos y afrontados, determinan la respuesta individual, sea adaptativa (aprendizaje, adaptación) o desadaptativa (desgaste e insatisfacción), (Carmona, Sanz Marín, 2002). Se han descrito varias características que influyen en la salud del trabajador, destacando: el tamaño de la empresa, la responsabilidad que se tiene, las disfunciones de rol y la falta de participación en la toma de decisiones (Mingóte, 1997; Epstein, 2001). De esta manera, al relacionar estrés y trabajo, surge una muy variada cantidad de exigencias. La necesidad de satisfacción, la de autoestima y la de realización personal, cumplen un papel destacado para encontrarle sentido a la actividad que se realice (Llor Abad, 1995). Es así como el estrés laboral se puede definir como: "El desequilibrio percibido entre las demandas profesionales y la capacidad de la persona para llevarlas a cabo" (Cruz Marín Vargas Fernandez, 1998). En relación con el estrés profesional, surge el termino burnout o síndrome de desgaste profesional, que describe la pérdida progresiva de energía, hasta llegar al agotamiento, síntomas de ansiedad y depresión, así como desmotivación para el trabajo, presente en trabajadores que desarrollan su actividad laboral con personas (Sánchez, 2003). Actualmente, este síndrome se define como el agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal. El agotamiento emocional, se refiere a la disminución y pérdida de los recursos emocionales; la despersonalización o deshumanización, consiste en el desarrollo de actitudes negativas, de insensibilidad hacia los receptores del servicio prestado y la falta de realización personal se relaciona con la tendencia a evaluar el propio trabajo de forma negativa, con vivencias de insatisfacción profesional y baja autoestima personal. Este síndrome estaría dado exclusivamente en profesionales de servicios (Maslach Jackson, 1981) y debe ser entendido como una respuesta al estrés laboral que aparece cuando fallan las estrategias de afrontamiento que suele emplear el profesional. El Modelo de Peiró y Salvador (Peiró Salvador, 1993), explica el burnout como respuesta al estrés laboral, en el cual una vez percibida la situación como estresante han de aparecer estrategias de afrontamiento que deben neutralizar los estresores, haciendo desaparecer las discrepancias entre demandas y recursos, puesto que la fuente de estrés persistirá en la relación cotidiana del profesional con su entorno; es decir, la situación estresora debe dejar de ser vivida como tal. En caso contrario llevarían a fracaso profesional y fracaso de las relaciones interpersonales con los sujetos receptores del servicio, provocando un sentimiento de baja realización personal en el trabajo y agotamiento emocional, que desembocaría en una actitud de despersonalización como forma de afrontamiento, que son las variables que indican la instauración del burnout. Si se mantienen en el tiempo los estresores y no se resuelve la situación, aparecerían consecuencias negativas para el individuo y la organización (Gil-Monte Peiró, 1997).
Estudios recientes aportan mayor información en relación a esta temática; Albadejo y Villanueva (2004), corroboraron a través de su estudio, que los profesionales que trabajan en unidades de alta demanda física y psicológica, como en las Unidades de Urgencia y Oncología, las que presentaron niveles más elevados de burnout. Sánchez-Rodríguez y De Lucas García (2001), pesquisaron que la presencia de burnout en el personal sanitario prehospitalario, correspondía principalmente a niveles intermedios a bajos. Los profesionales con hijos, los que presentaban mayor antigüedad profesional y más años dedicados a la emergencia, obtuvieron puntajes más elevados para cansancio emocional y burnout. Los profesionales que realizaban turnos de 17 horas (tarde-noche) y los que no estaban de acuerdo con su tipo de turno presentaron el puntaje más elevado para este síndrome y sus subescalas. También se pesquisó que los profesionales con problemas de relaciones interpersonales en su trabajo presentaban altos niveles de burnout y baja realización profesional. A su vez Pera y Serra-Prat (2002) a través de su estudio pesquisaron un elevado porcentaje de este Síndrome en el personal administrativo y bajo en enfermeras. Para las escalas de cansancio emocional y despersonalización, los resultados evidenciaron alto porcentaje de burnout en los varones y sólo para cansancio emocional se observó una elevada presencia en viudos. Los de mayor edad presentaron índices más altos de burnout, los que tenía hijos evidenciaban niveles medios en la escala de cansancio emocional. Otro trabajo que entrega datos en relación a la presencia de burnout en profesionales del área de la salud es el de Hernández (2003), en donde se concluyó que el bajo reconocimiento profesional se asociaba a respuestas de estrés y de burnout. Este síndrome, afectó fundamentalmente a las mujeres médicas de la atención primaria y se detectó la presencia de síntomas de estrés en las enfermeras del mismo nivel de atención. Quiroz y Saco Méndez (2003), encontraron asociación estadística para burnout y las variables sexo masculino, profesión de médico, tiempo de servicio mayor de 12 años, baja motivación laboral, baja satisfacción laboral. A su vez se pesquisó baja asociación estadística con el trabajo mayor a 40 horas semanales, menos de 6 horas de esparcimiento a la semana, otros trabajos fuera del hospital y convivencia.
El objetivo general de este estudio fue determinar la presencia de estrés laboral crónico o burnout y su probable relación con factores sociales y laborales, en los profesionales de Enfermería que trabajan en UE y SAMU, de la Octava Región.
MATERIAL Y MÉTODO
El presente estudio correspondió a una investigación de tipo cuantitativa, descriptiva y correlacional, que investigó la presencia de burnout en profesionales de enfermería que trabajaban en UE y SAMU, en los principales Centros Asistenciales de la Octava Región, correspondiendo estos a los Hospitales Base de Curanilahue, Chillan, Los Ángeles, Talcahuano y Concepción. El universo estuvo constituido por todos los profesionales de enfermería que trabajaban en estas Unidades, correspondiendo a 98 personas. La población real del estudio quedó formada por 91 profesionales de enfermería, ya que por motivos de licencia médica u otros, no se encontraban en su lugar de trabajo durante el período de aplicación de las encuestas, además 3 se negaron a responderlas, siendo en total 57 enfermeros (as) que trabajaban en UE y 34 en SAMU.
Para la aplicación de las encuestas y desarrollo del estudio se solicitó autorización a los supervisores délos Servicios involucrados en el estudio. Las encuestas fueron autoadministradas de forma voluntaria y su distribución se realizó con la colaboración de estos directivos. Para este efecto se adjuntó un consentimiento informado, el cual contempló los aspectos éticos de confidencialidad de la información atorgada, asegurando el anonimato del encuestado, además este documento explicaba de forma clara y simple los objetivos del estudio. El instrumento recolector de datos constó de un cuestionario elaborado por los investigadores que contenía preguntas en relación a variables sociodemográficas y laborales. El segundo cuestionario correspondió a la escala de Maslach Burnout Inventory (MBI), instrumento utilizado para medir estrés laboral crónico o burnout, la que entrega el estado en que el sujeto se encuentra dentro de estas tres dimensiones (alto nivel, medio y bajo). Para la validación del instrumento se utilizó la correlación de Pearson cuando se empleaban variables continuas y la correlación de Spearman's Rho cuando se empleaban variables no continuas. La confiabilidad se comprobó mediante el alfa de Cronbach. Los resultados establecieron que el instrumento MBI presentaba una elevada validez y confiabilidad, con lo que se concluye que este instrumento es seguro de utilizar.
El procesamiento de datos se efectuó en la Unidad de Estadística del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Concepción, mediante los programas EPIINFO (5,0). SPSS 12,0 para Windows y planilla Excel. El análisis que se realizó fue principalmente descriptivo y se expresó mediante estadígrafos de tendencia central más la utilización de T de Student y ANOVA.
RESULTADOS
Del total de profesionales encuestados, un 62,6 % trabajaba en UE y un 37, 4 % en SAMU, ubicándose en las edades comprendidas entre 22 y 39 años. En ambos lugares de trabajo las enfermeras(os) que tenían entre 22 y 29 años de edad obtuvieron porcentajes similares, correspondiendo a un 41,2 % para enfermeras (os) de SAMU y de un 46,3% para profesionales de las UE. Entre los 30 y 39 años de edad, el mayor porcentaje se ubicó en las enfermeras(os) de SAMU con un 55,9% y un 27, 8 % correspondió a los profesionales de las UE.
En relación al número de hijos, se encontró que el 67,6 % y el 49,1 % de los enfermeras(os) de SAMU y UE respectivamente no tenían hijos. Los que dijeron tener 1 a 2 hijos correspondió al 29,4 % en SAMU y a un 40,4 % en UE, siendo en su mayoría (54,5 %) menores de 5 años para el grupo de enfermeras(os) SAMU.
Profesionales de Enfermería que Trabajan en Unidades de Urgencia y SAMU de VIII Región, Chile, 2005. Tesis para optar al Grado de Magíster en Enfermería.
En lo que respecta a años de experiencia laboral, el 87,5 % de los profesionales de SAMU poseía menos de 10 años y los que trabajaban en UE, menos de 6. El tipo de turno efectuado en ambos servicios correspondió al denominado cuarto turno, en un 90 % para los de SAMU y en un 43,6 % para los de UE. En relación a los recursos que poseen en sus unidades de trabajo, el 61,8 % de las enfermeras(os) de SAMU respondió que eran suficientes, no así los que laboraban en las UE que refirieron poseer recursos insuficientes. El 50 % de los profesionales de SAMU ejercían un trabajo extra, remunerado, independiente a su contrato en el hospital; en cambio, el 75,4 % de las enfermeras (os) de las UE ejercían sólo en su unidad de trabajo. Referente a ocupar cargos administrativos y de supervisión, en ambos grupos se obtuvieron porcentajes similares, con un 14, 7 % para aquellos que trabajan en SAMU y un 15,8 % para los de UE. En cuanto a la realización de actividades diferentes al ámbito de su profesión, como participar en grupos comunitarios u otros, el 76,5 % de las enfermeras (os) de SAMU y el 68,4 % de los que trabajaban en UE respondieron no realizar este tipo de actividades.
El grupo de profesionales que tenía entre 50 y 59 años de edad presentaron niveles más elevados de cansancio emocional (puntaje de 29,86), en relación a los profesionales en otros rangos etáreos.
Si bien se pesquisó que el estado civil no influyó en la presencia de burnout, se pudo apreciar que los viudos y separados presentaron niveles bajos de despersonalización promediando 3.4 para esta subescala.
Los años de experiencia laboral no presentaron una significancia estadística en la presencia de burnout o sus subescalas, se observó que el grupo de profesionales con menor experiencia laboral presentaba puntajes más elevados para burnout (64.63), cansancio emocional (21.42) y despersonalización (9.71), que el resto de profesionales. A su vez los con mayor experiencia laboral presentaron niveles más elevados de baja realización profesional (36.61).
La presencia de burnout y sus subdimensiones en este grupo de profesionales fue de intensidad intermedia, con un promedio de 62.57 para la escala global de burnout y de un 19.58 para cansancio emocional, de un 8.15 para despersonalización y de un 34.85 para baja realización profesional.
En cuanto al tipo de turno que realizaban y la presencia de burnout y sus subescalas, se encontró diferencia estadísticamente significativa entre los enfermeros que efectuaban un tipo de turno denominado 4o turno modificado, el que corresponde a la realización de turnos adicionales al cuarto turno tradicional, en relación a los que trabajaban sólo en cuarto turno o de forma diurna exclusiva, es así como este grupo de profesionales presentó niveles más elevados para baja realización profesional, promediando 30,75 puntos en esta subescala. A su vez para cansancio emocional, sin presentar una significancia estadística, el grupo de profesionales que realizaba el cuarto turno modificado también presentó niveles más elevados en esta dimensión, que el resto de enfermeros(as) que trabajaba en otros tipos de turnos o en forma diurna, promediando para esta subescala 24 puntos.
Por otra parte, los profesionales que refirieron tener insuficientes recursos en su unidad de trabajo evidenciaron niveles elevados de cansancio emocional (correspondiendo a niveles intermedios) presentando un promedio de 22.86 puntos, y para realización profesional, promediaron el puntaje más bajo (33.28), lo que refleja una baja realización profesional; estos resultados obtuvieron gran significancia estadística; sin embargo, para la escala global de burnout y despersonalización este grupo de profesionales presentó niveles más elevados que los que refirieron una percepción de recursos suficientes en su unidad de trabajo, promediando 64.72 y 22.86 puntos, respectivamente.
La realización de otros trabajos extra remunerados, el ejercicio de algún cargo de coordinación y la práctica de actividades diferentes a lo profesional o participación en grupos de la comunidad no presentaron relación estadísticamente significativa en la presencia de Burnout y sus subescalas.
DISCUSIÓN
Los hallazgos de este estudio mostraron que el número de profesionales de enfermería que trabaja en UE y SAMU de los principales centros hospitalarios de la Octava Región son insuficientes en relación a la alta densidad de población que les corresponde atender, siendo la Octava Región la segunda con mayor población, 1 853 678 habitantes y 50 hab/km2, después del área metropolitana, representando alrededor del 13 % de la población según censo de 2002 (INE, 2006). Esto lleva consigo una mayor carga laboral con jornadas de más de 8 horas diarias, con turnos rotatorios con la consecuente alteración del biorritmo, trato con pacientes críticos y unidos a recursos insuficientes, constituyendo éstos factores de riesgo en la aparición de síndrome de burnout.
En cuanto al perfil sociodemográfico, el total de profesionales encuestados se caracterizó por ser adultos jóvenes predominantemente solteros y sin hijos. Al comparar la edad de estos profesionales con los que trabajan en el SAMUR de España (Sánchez-Rodríguez De Lucas García, 2001), se observó que acá también predominan la edades entre 30 y 39 años pero sin hijos, pero a diferencia de los enfermeros de nuestra Región, en su mayoría son casados.
En cuanto a los principales aspectos laborales se encontró que los enfermeros(as) que trabajan en estas unidades de choque llevan ejerciendo menos de 10 años, lo que puede estar relacionado directamente con los años que tiene el SAMU en nuestra Región, ya que es un servicio relativamente nuevo. A su vez, se observó que en las Unidades de Emergencia los profesionales de enfermería que se encontraban trabajando en ellas, tienen menos de 6 años de experiencia laboral. Ambos fenómenos estarían íntimamente relacionados con la edad que presentan estos profesionales, ya que la gran proporción corresponde a adultos jóvenes. Sánchez-Rodríguez y De Lucas García (2001), a través de su estudio revelan que los profesionales que trabajan en este tipo de unidades de emergencia en España, presentan un promedio de antigüedad en su profesión de 8.9 años, específicamente en unidades de emergencia 6.8 años, y trabajando en el SAMUR un promedio de 4.1 años; realidad que se asemeja a la situación que se da en nuestra región. Las horas trabajadas por el grupo de enfermeros que participó en esta investigación se distribuyen, principalmente en el denominado cuarto turno que consiste en 12 horas continuadas de trabajo diurno, al día siguiente se realizan 12 hrs. de noche disponiendo finalmente de dos días libres. En este aspecto, el trabajo de Sánchez-Rodríguez y De Lucas García (2001), también muestra que mayoritariamente los profesionales del SAMUR realizan un tipo de turno similar, pero de 17 horas llamado mañana-tarde; otro estudio realizado en Cuzco, Perú; revela que las enfermeros(as) realizan como promedio 36.9 horas semanales, siendo lo mínimo 36 horas y lo máximo 60 horas. Albadejo y Villanueva (2004), encontraron que los profesionales mayoritariamente realizaban turnos rotatorios que se distribuían entre mañana, tarde y noche, detectando en bajo porcentaje la realización de turnos continuados de 12 y hasta 24 horas.
En relación a la presencia del síndrome de burnout en el grupo de profesionales estudiados, se encontró que está presente en una intensidad intermedia; a su vez, se detectó cansancio emocional, despersonalización y realización profesional en niveles intermedios. Es decir este grupo no presenta niveles significativamente elevados, por lo que podemos interpretar que al existir presencia de burnout y de sus subescalas de cansancio emocional y despersonalización, se genera en forma inversa un nivel poco óptimo de realización profesional. Datos similares aporta el estudio de Albadejo y Villanue-va (2004), quienes encontraron que entre enfermeros(as) que trabajaban en diferentes unidades dentro de un hospital en Madrid -España, los que presentaban mayor nivel de burnout, agotamiento emocional y despersonalización, correspondía a los que trabajaban en las unidades de Urgencias y Oncología.
En cuanto a los factores relacionados con la presencia de burnout, se encontró que los sociodemográficos presentan un bajo impacto en este síndrome, destacándose la edad, ya que los profesionales de mayor edad evidenciaron presentar niveles más elevados de cansancio emocional, situación similar se manifiesta en los resultados del estudio realizado por Pera y Serra-Prat M (2002), el que revela que la edad se correlacionaba débilmente con la escala de cansancio emocional; sin embargo, los de mayor edad eran los que presentaron índices superiores de burnout. Otra variable que presentó cierta influencia en la presencia de las subdimensiones de burnout fue el estado civil o presencia de pareja, según los resultados obtenidos, los profesionales solteros y casados presentaron índices más elevados de despersonalización que los viudos y separados, a su vez los solteros evidenciaron una tendencia a niveles bajos de realización profesional. La investigación de Alvarez y Arce (2005), revela que la despersonalización y el cansancio emocional predominaba entre los profesionales que se encontraban con pareja; realidad que en parte se asemeja a la de los enfermeros(as) de estas unidades de choque, ya que de igual manera los que estaban casados presentaron puntuaciones más elevadas para despersonalización que los viudos y separados. Dicho fenómeno podría estar influenciado a su vez por la edad, ya que los profesionales más jóvenes y con menor experiencia laboral corresponden a personas solteras o recientemente casadas, y por lo cual, se ven enfrentados a múltiples situaciones que son nuevas para ellos generando estrés que se refleja en la presencia de cansancio emocional o baja realización profesional. En cuanto a los años de experiencia laboral o antigüedad laboral, no se encontró en este estudio relación estadísticamente significativa para la presencia de burnout y sus subescalas, situación similar se detectó en el estudio de Peray Serra-Prat (2002); quienes identificaron que los años de ejercicio profesional no se relacionaban con cambios en la escala de MBI. Sin embargo, existe evidencia en otras investigaciones que después de 10 años de antigüedad laboral, puede existir un periodo de sensibilización a partir del cual el profesional sería especialmente vulnerable a la aparición de este síndrome (Artiga, 2000; Albadejo Villanueva, 2004). Información similar entrega el trabajo de Quiroz y Saco Méndez (2003), quienes detectaron una fuerte asociación entre un tiempo de ejercicio laboral mayor a 12 años y la presencia de burnout.
Dentro de los factores relacionados con el ámbito laboral y que repercutieron en la presencia de este síndrome y sus subescalas fue la realización de un tipo de turno denominado cuarto turno modificado, en que el profesional, además de su cuarto turno debe realizar otros extras o trabajar horas adicionales al cuarto turno preestablecido. En relación a este punto existen antecedentes que revelan que la turnicidad somete al profesional a continuos cambios que le impiden la instauración de hábitos saludables y a su vez altera el mantenimiento de relaciones interpersonales (Gil-Monte Peiró, 1997; Alvarez Arce, 2005); al mismo tiempo este sistema produce alteración del biorritmo, lo cual incide directamente en la presencia de burnout, a su vez, el cansancio mental de los enfermeros(as) al trabajar de noche puede conllevar a una disminución de sus capacidades mentales, con disminución del rendimiento laboral (Mingóte Pérez, 2002). Otro estudio que detectó este fenómeno fue el de Sánchez-Rodríguez y De Lucas García (2001), el que identificó que los profesionales que realizaban un turno de 17 horas que correspondía a una tarde más la noche, presentaban los puntajes más altos para burnout y sus subescalas. El aspecto laboral que incidió fuertemente en la presencia de las sub-dimensiones de este síndrome fue la percepción de recursos insuficientes en la unidad en la cual trabajan, es decir, la percepción de que los recursos con los cuales se cuenta para desarrollar las actividades diarias dentro de la unidad son insuficientes, estarían influyendo de manera directa en la presencia de cansancio emocional y más intensamente en la presencia de una baja realización profesional. Si bien, no se encontraron estudios que abordaran específicamente este aspecto, la investigación de Quiroz y Saco Méndez (2003), establece una relación directa entre la falta de motivación y la presencia de burnout. En relación a esto, detectó que el 92% de los encuestados referían que era de suma importancia que los profesionales se desenvolvieran en buenas condiciones de trabajo, con comodidad y avances tecnológicos acorde a las funciones que desarrollaban, junto con ello expresaban la importancia de la capacitación permanente en función de las necesidades de sus trabajos. Con estos resultados se hace necesario dotar de recursos suficientes las unidades de trabajo de estos profesionales para propiciar el rendimiento adecuado de sus funciones.
Por último, cabe concluir que los profesionales de enfermería que trabajan en las UE y SAMU, unidades de choque, evidencian una tendencia a presentar estrés laboral crónico o Burnout, lo que los convierte en un grupo vulnerable dentro del ámbito asistencial, con tendencias a manifestar alteraciones físicas y psicológicas asociadas a este síndrome, lo que debe generar una inquietud en las autoridades de salud respectivas, para la formulación y aplicación de políticas de prevención primaria y secundaria. Además no deja de ser relevante la presencia de niveles medianamente elevados de despersonalización, ya que al ser profesionales que trabajan directamente con personas y que al estar relacionados con el dolor, sufrimiento del cuerpo y el alma, no pueden estar completamente ajenos de esta situación al punto que podría repercutir en la calidad de la atención que están entregando. Por otra parte, la presencia de moderada realización profesional, en trabajadores que se encuentran altamente capacitados, también genera una inquietud para averiguar los factores que estarían influyendo directamente en la aparición de este fenómeno. En relación a este último punto, la investigación realizada por Hernández (2003), entrega información en relación a que el bajo reconocimiento que percibían los enfermeros por su trabajo realizado se asociaba a la presencia de burnout, por lo tanto a baja realización profesional y a respuestas de estrés.
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BURN-OUT
PUBLICACION TRIMESTRAL DEL PROGRAMA MUJERES Y SALUD DE ISIS INTERNACIONAL
PRESENTACIÓN
Mujeres y hombres de nuestra época sufrimos tensiones a diario causadas por nuestro trabajo, las obligaciones domésticas u otras razones. A más de alguien hemos escuchado decir que es bueno tener un poco de adrenalina en el cuerpo, puesto que ayuda a funcionar rápidamente, a ser productivas y a agudizar nuestra creatividad. Sin embargo, cuando sentimos que las tensiones se nos hacen insoportables o bien nuestro cuerpo comienza a mostrar síntomas de estrés, más vale hacer un alto en el camino y preguntarnos qué es lo que no estamos haciendo bien.
Agenda Salud aborda el estrés y el burnout, porque se han convertido, sobre todo el segundo, en un problema social y de salud pública. Ya a fines del decenio pasado, la Organización Internacional del Trabajo planteaba su preocupación ante el aumento de los índices de estrés laboral en el mundo. Para ese organismo, el estrés en el trabajo es uno de los grandes desafíos que se presentan a los gobiernos, a los empleadores y a los sindicatos.
Nuestro interés en estos temas radica en que las mujeres, por las condiciones de género y el tipo de profesión u oficio que desempeñan mayoritariamente, están más expuestas a estos males de la vida moderna. Las labores de enseñanza y de enfermería, por ejemplo, son, por sus características, fuente de agotamiento profesional. Ahora bien, cada persona recibirá las demandas excesivas del entorno laboral de manera diferente, por lo que el burnout, en particular, afectará o no a las mujeres de acuerdo a su estado de salud física y mental propios. Pero, independientemente de estos factores, es fundamental saber lo que implican tanto el estrés como el burnout para reconocer sus síntomas y adoptar las medidas apropiadas.
¿Estrés o burnout?
Carmen Torres
Un jefe de taller de personas minusválidas de España, quien presentaba síntomas de agotamiento emocional y físico, así como trastornos del sueño que le impedían desarrollar bien su trabajo, solicitó licencia médica a su empleador puesto que, adujo, sufría del síndrome de burnout (traducido como agotamiento, desgaste profesional, o "síndrome de estar quemado") como consecuencia de su actividad laboral. Por ende, pidió que éste fuera considerado como una enfermedad laboral. Después de varios meses en litigio con su empleador, quien no estaba de acuerdo con esa interpretación, logró su objetivo: el Tribunal Supremo de España confirmó la sentencia del primer tribunal al que había acudido y que había dictaminado que el síndrome de burnout es una enfermedad laboral. Hay muchas definiciones de estrés y de burnout, porque según diversos estudios, estos conceptos, si bien pueden tener similitudes, no son lo mismo. Se puede estar estresada/o y seguir funcionando, aun cuando sea difícil. En cambio, cuando el burnout (o, como se le llamaba hace 20 o 30 años atrás, surmenage) llega, es necesario hacer cambios radicales en nuestra manera de enfrentar las tensiones.
El estrés
Entre las muchas acepciones de estrés, José Navas utiliza una muy práctica: "cualquier estímulo o circunstancia real o imaginaria, que requiere que la persona haga algo diferente en su forma de actuar o pensar en dicha circunstancia o por un tiempo prolongado. Es decir, el estrés sería cualquier estímulo o situación que requiere adaptación o cambio de parte de la persona involucrada en la situación" (Navas, s/f). Alberto Amador Pizá, autor de Técnicas para dominar el estrés y vivir mejor, también presenta una definición sencilla: "es una respuesta del organismo ante una amenaza real o imaginaria, donde intervienen factores físicos, químicos o psicológicos" (citado en Barajas, 2001). Por su parte, la Organización Mundial de la Salud lo define como "el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara el organismo para la acción". Visto así, el estrés no debiera ser un problema. Al contrario, sería una suerte de estímulo, una alerta. Por ejemplo, ante una situación inesperada de peligro, los cambios físicos producidos por el estrés en nuestro cuerpo (aumento de la presión sanguínea, entre otros) hacen que éste reaccione rápidamente frente al hecho, lo que puede resultar fundamental para, incluso, salvar nuestra vida. Una vez que el problema se ha resuelto, el organismo vuelve a su funcionamiento normal. Pero se convierte en un verdadero problema cuando ciertas circunstancias, tales como la sobrecarga de trabajo, las presiones económicas, el ambiente competitivo, entre muchas otras, se perciben inconscientemente como amenazas (Velásquez, s/f) que provocan reacciones defensivas en la persona, tornándola irritable y sufriendo consecuencias nocivas en su organismo, por períodos prolongados. Estas reacciones pueden ser:
- Elevación de la presión sanguínea (hipertensión arterial).
- Gastritis y úlceras en el estómago y el intestino.
- Disminución de la función renal.
- Problemas del sueño.
- Alteraciones del apetito.
- Agotamiento (Velásquez, s/f).
Por otra parte, el estrés es diferente para cada persona. Lo que provoca estrés en una, puede ser un factor inocuo para otra. Varios factores explican esto: su estado psicológico y físico; el significado que otorga al evento perturbador; una gran variedad de condiciones ambientales (positivas y negativas). En resumen, cualquier cambio o circunstancia diferente que se presente ante nuestras vidas, como cambiarse de casa, hablar en público, presentarse a una entrevista, podrían convertirse en estrés si a esos hechos les damos una connotación especial de amenaza, o si no estamos bien preparadas/os física y psicológicamente para enfrentarlos. Sin embargo, estudios efectuados desde el decenio de los ochenta, apuntan a demostrar la existencia de un agente bioquímico responsable del estrés. Este sería el cortisol. En efecto, el investigador Orm Bergold llegó a la conclusión, después de investigar durante varios años los síntomas y las causas del estrés en numerosos pacientes, de que el cortisol es el agente que lo causa, considerándolo "la hormona del estrés". Producida por la glándula suprarrenal, ayudaría al ser humano a enfrentar una situación de estrés provocando la liberación de una dosis de adrenalina. Una vez que el hecho de tensión ha sido superado, el nivel de cortisol volvería a normalizarse. Pero, si éste continúa manteniéndose elevado durante semanas, meses o años, el cortisol se convertiría en una fuerza destructora importante que afectaría prácticamente a cada célula u órgano del cuerpo humano.
El burnout
Así como el estrés es asociado a numerosas razones o causas, muchas de las cuales pueden pertenecer al ámbito de la vida cotidiana, las definiciones de burnout están más vinculadas al mundo laboral (aun cuando actualmente se aplica también, por ejemplo, a la esfera deportiva). De entre ellas, las más mencionadas son la de Freudenberger, la de Maslach y Jackson, y la de Pines, Aronson y Kafry, de acuerdo al estudio de Enrique Garcés de Los Fayos, autor de Tesis sobre el burnout. Este destaca que Herbert Freudenberger fue el primer investigador que utilizó el concepto de burnout, en 1974, para reagrupar diversas manifestaciones de tensión que se daban en personas "adictas al trabajo". Su definición contemplaba "una sensación de fracaso y una existencia agotada o gastada que resulta de una sobrecarga por exigencias de energías, recursos personales y fuerza espiritual del trabajador". El concepto de burnout de las investigadoras estadounidenses Cristina Maslach y Susan Jackson apareció en 1981, luego de varios años de estudios empíricos. Lo describieron como un síndrome de estrés crónico que se manifiesta en aquellas profesiones de servicios caracterizadas por una atención intensa y prolongada a personas que están en una situación de necesidad o de dependencia. Para ellas, este síndrome se puede dar exclusivamente en las profesiones de ayuda (personal de salud y profesorado). El burnout tendría un carácter tridimensional: agotamiento emocional, despersonalización y reducida realización personal:
- Agotamiento emocional: disminución y pérdida de recursos emocionales.
- Despersonalización: desarrollo de actitudes negativas, de insensibilidad y cinismo hacia las personas que se debe atender.
- Reducida realización personal: tenden-cia a evaluar el propio trabajo en forma negativa, sentimientos de baja auto-estima.
La otra definición muy utilizada es la de A. Pines, E. Aronson y D. Kafry, quienes, en 1981, señalaron que el burnout es "el estado de agotamiento mental, físico y emocional, producido por el involucra-miento crónico en el trabajo en situaciones emocionalmente demandantes". El aporte de estas autoras es que no circuns-cribieron el burnout sólo a las profesiones de servicio (como Maslach y Jackson), sino que lo extendieron a otras (comercio, política, entre otras), que también implican excesivas demandas psicológicas. Una de las grandes diferencias del estrés con el burnout, según ciertos autores, es que mientras el primero puede ser experimentado positiva o negativamente por la persona, el segundo es un fenómeno exclusivamente negativo. A pesar de ello, diversos autores precisan que el burnout es un tipo de estrés. Así, "el burnout es, de hecho, un tipo de estrés, una respuesta afectiva crónica como consecuencia de condiciones estresantes del trabajo que se da en profesiones con altos niveles de contacto personal" (Ganster y Schan-broeck, 1991, citado en Garcés de Los Fayos). Más allá de las distintas acepciones y de lo que ellas implican, Garcés de los Fayos señala algunos puntos que resumen su búsqueda del concepto burnout:
— Parece claro que el burnout sería consecuencia de eventos estresantes que disponen al individuo a padecerlo. Estos eventos serían fundamentalmente, de carácter laboral, ya que la interacción que el individuo mantiene con los diversos condicionantes del trabajo son la clave para su aparición.
— Es necesaria la presencia de "interacciones humanas" trabajador/a-usuario/a intensas y/o duraderas para que el sín-drome aparezca. En este sentido, se conceptualiza el burnout como un proceso continuo que va surgiendo de manera paulatina y que se va "instau-rando" en el individuo hasta provocar en éste los sentimientos propios del síndrome.
— Tras la definición de Freudenberger, en la que planteaba una "existencia gastada", y tras los aportes de Maslach y Jackson, con la tridimensionalidad del síndrome: agotamiento emocional, despersonali-zación y reducida realización personal, o las que hacen Pines et al. con el triple agotamiento: emocional, mental y físico, pocos han sido los nuevos aportes originales a la definición del burnout, girando todas sobre estas tres.
Respecto de las consecuencias de este síndrome laboral, éstas pueden agruparse en varias categorías: Síntomas físicos: con frecuencia, son los primeros en aparecer e incluyen alteraciones cardiovasculares (hipertensión, enfermedad coronaria), fatiga crónica, cefaleas y migraña, alteraciones gastrointestinales (dolor abdominal, colon irritable, úlcera duodenal), dolores musculares, alteraciones respiratorias (asma), alteraciones del sueño, alteraciones dermatológicas (urticaria), alteraciones menstruales, disfun-ciones sexuales, entre otros. Alteraciones conductuales: destacan aquellas de la conducta alimentaria, abuso de drogas, fármacos y alcohol, ausentismo laboral, conductas de elevado riesgo (conducción temeraria, por ejemplo), tabaquismo, entre otras. En ocasiones surgen conductas paradójicas defensivas como el desarrollo excesivo de hobbies (que llenan la mente de la persona, incluso en horas de trabajo), dedicación creciente al estudio para liberarse de la rutina (con disminución de la atención a los casos "poco interesantes"), seudoausentismo laboral con el desarrollo de actividades cuyo objetivo es limitar el número de horas reales en el centro de trabajo (actividades sindicales, formación continua). Alteraciones emocionales: ansiedad, depresión, irritabilidad, baja autoestima, falta de motivación, dificultades de concentración, distanciamiento emocional, sentimientos de frustración profesional y deseos de abandonar el trabajo, entre otras (Menéndez, s/f).
Diferencias de género
Los factores de estrés, también llamados estresores, pueden ser similares para hombres y mujeres, como, por ejemplo, las condiciones económicas, sociales y políticas. De acuerdo a Jane Ussher, ex directora de la Unidad de Investigación de la Mujer de la Universidad de Londres, las personas con pocas oportunidades económicas y sociales viven cada día un sinnúmero de factores estresantes, además de condiciones nutricionales pobres (Cimac, junio 26, 2000). La investigadora señala que existe mayor estrés en poblaciones que sobreviven con menos de un dólar diario, y menor estrés en países considerados con alto estándar de desarrollo humano. Así, en una encuesta realizada en El Salvador, el 83 por ciento de las personas encues-tadas (obreros/as, vendedoras/es y empleadas/os) adujo que la violencia, los problemas en el hogar y las dificultades para lograr sus proyectos, debido a la crisis económica familiar, eran las causales de su estrés (Hablemos Online 1999-2000). Respecto de las condiciones políticas, la violencia por parte de los aparatos del Estado, los desplazamientos internos forzados, el exilio, la pérdida de un ser querido que ha sido asesinado o hecho desaparecer por sus convicciones políticas, son elementos que inciden en los niveles de estrés de la población, ya sean mujeres, hombres, niños o niñas. Sin embargo, tanto en el estrés como en el burnout las diferencias entre hombres y mujeres aparecen nítidamente cuando se consideran las condicionantes de género. Las mujeres han sido identificadas, tradicionalmente, con los roles de la maternidad y el trabajo doméstico, dos roles relacionados claramente a los afectos y al cuidado de otras personas. A los hombres, en cambio, se les asocia básicamente con el mantenimiento económico de la familia, es decir, con un rol de proveedor. Aun cuando esta adjudicación de papeles ya no es tan aguda, lo que se explica, entre otras cosas, por el ingreso de una parte importante de las mujeres al mercado laboral y por los cambios culturales de los últimos años, lo cierto es que un gran número de mujeres se desempeña en actividades o profesiones de servicio y sigue realizando labores domésticas. Carme Vall-Llobet señala que "la doble jornada (doméstica y laboral), la multiplicidad de roles, el papel de cuidadora de niños y niñas y de personas ancianas y enfermas, la imposibilidad de gozar de un tiempo propio y la desvalorización social y económica del trabajo reproductivo, han contribuido a que el trabajo doméstico constituya un elemento potenciador del estrés mental con mayores niveles de depresión y de adicciones (alcohol, juego, dependencias afecti-vas)…". Un reciente estudio, en Estados Unidos, constató que las mujeres con hijos/as y responsabilidades laborales, están expuestas a un alto grado de tensión durante las 24 horas del día. La investigación examinó la orina de mujeres que eran madres que trabajaban fuera de su casa con otras que también tenían un empleo, pero que no tenían hijos/as. El elemento de comparación fueron los niveles hormonales de cortisol ("la hormona del estrés"), de adrenalina y de noradrenalina, sustancias asociadas al estrés. Los resultados mostraron que las mujeres con hijos/as presentan mayores niveles de cortisol durante las 24 horas del día, respecto de aquellas que no poseen descendencia. En general, la mayoría de las personas tiende a bajar sus niveles de hormonas del estrés al terminar el día, pero las madres que trabajan fuera del hogar pueden mantenerlos e incluso aumentarlos. Por ejemplo, mientras una mujer sin hijos que descansa en su casa, normalmente tendrá 5 a 6 microgramos de cortisol por decilitro de sangre, una madre estresada puede tener hasta el triple de esa cantidad. En cambio, los niveles de hormonas del estrés disminuyen en los hombres cuando llegan a su casa, porque ven su hogar como un refugio de descanso y relajación. De acuerdo a la endocrinóloga Verónica Araya, del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, los altos niveles de cortisol "pueden determinar que bajen las defensas, porque disminuye el número de linfocitos en la sangre. También aumenta el riesgo de sufrir hipertensión arterial y, si es crónico, puede llegar hasta una diabetes" (Disegni, 2000.) Daniel Sidelski, médico psiquiatra argentino, señala que si bien los acontecimientos estresantes pueden ser compartidos por ambos sexos, existen situaciones que se presentan con mayor prevalencia (incluso exclusivamente) en las mujeres: "Así como la exposición a eventos relacionados con violencia física, guerra o combate, suele generarse más frecuentemente en el género masculino, la mujer presenta otro tipo de estresores que son prácticamente de su exclusividad: embarazo —con y sin pareja estable—; convertirse en único sostén de sus hijos; no quedar embarazada en casos en que sí lo desea; ser víctima de violencia o acoso sexual; recibir maltrato físico o psicológico en su hogar; no desarrollar adecuadamente su carrera profesional por elegir desempeñar más eficazmente su rol de ama de casa y madre, son los clásicos ejemplos". Agrega que "en nuestra cultura suele esperarse de la mujer que actúe como una madre plena de recursos, siempre dispuesta a satisfacer las necesidades de los demás sin requerir atención a las suyas propias. En ese sentido, los trabajos de las mujeres consisten, típicamente, en posiciones de poco poder y mucho cuidado (enfermera, secretaria, empleada) en los que se les pide mucho y se les ofrece poco (los sueldos de las enfermeras suelen ser mucho menores que los de doctores y jefes). Debido a ello, muchas veces, lo estresante no es la tarea en sí, sino el rol asignado de madre que todo lo puede y nada necesita". Para Sidelski, los factores importantes que marcan la diferencia de cómo las mujeres viven el estrés, en comparación con los varones, son las variaciones en la sensibilidad de las mujeres a lo largo del ciclo menstrual, el tipo de estresores que enfrentan, los distintos significados que atribuyen a un mismo problema, el modo en que afrontan las dificultades, así como una distinta visión de la vida, en general. Hay más elementos que pueden incidir en el estrés de las mujeres. Estos son los cambios en su ciclo de vida, como el matrimonio, la maternidad, el posible divorcio, pasar de los 40 años en una cultura que venera la juventud y la belleza, la viudez, la reorganización de la vida cuando los hijos e hijas son mayores. O factores psíquicos, como la ansiedad que siente la dueña de casa a la que se presiona para que salga de casa y se realice, o la de la mujer que trabaja remuneradamente y a la que se presiona para que vuelva a casa a fin de no perder a su familia (Marsellach, s/f). La fisiología propia de las mujeres también puede contribuir a estados de tensión. Entre ellos se encuentran el desarrollo de los senos, la menstruación, la amenorrea (desaparición de la menstruación), el síndrome premenstrual, el embarazo, la depresión postparto, la infertilidad, la menopausia. Al parecer, también la manera de enfrentar el estrés es diferente en hombres y mujeres. Karl Pribam, de la Universidad de California, en Santa Cruz, que estudió las diferencias entre el cerebro de los hombres y el de las mujeres, llegó a la conclusión de que éstas, al tener un mayor predominio del hemisferio izquierdo (el que dirige el lenguaje, la lógica y las definiciones), serían capaces de desarrollar mejores estrategias verbales para afrontar el estrés que los hombres, quienes serían menos capaces de controlarse (Marsellach, s/f). Por su parte, Daniel Sidelski, basándose en su experiencia como psiquiatra, señala que para el género femenino lo importante es la repercusión afectiva de las contrariedades, mientras que para el masculino lo predominante es la repercusión efectiva. Por ende, mientras la mujer necesita expresar sus emociones, el varón necesita encontrar soluciones. "Ella sabe intuitivamente que, si se siente bien por dentro, los factores externos no representan gran inconveniente. El, en cambio, experimenta alegría en la medida en que los problemas son resueltos". El burnout también afecta de manera diferente a mujeres y hombres. Según diversos estudios, las mujeres presentan una serie de características relacionadas con el trabajo que las predisponen al síndrome: por ejemplo, presentan más conflicto de rol, sintomatología depresiva, conflictos entre la familia y el trabajo, entre otras. Maslach y Jackson (las que establecieron la tridimensionalidad del burnout y creadoras del test Maslach Burnout Inventory) precisan que las mujeres son más propensas que los hombres a la dimensión de agotamiento emocional. Los hombres, por su parte, son más proclives a la dimensión de despersonalización.
La violencia en el trabajo es cada vez mayor: en la Unión Europea, 3 millones de trabajadoras comunicaron que eran objeto de acoso sexual, 6 millones de violencia física y 12 millones de intimidaciones y violencia psicológica. En Estados Unidos, el homicidio es la principal causa de muerte de las mujeres en el lugar de trabajo. El 28% de los trabajadores de la Unión Europea informaron de problemas de salud relacionados con el estrés en el trabajo (burnout), lo que significa unos 41 millones de personas. La tensión en el trabajo representa, en el mercado laboral de América del Norte, un gasto anual de 200 mil a 300 mil millones de dólares. La tensión laboral es parte del 60 al 90% de los problemas médicos. Los trabajadores que dicen sufrir de un fuerte estrés laboral, tienen un 30% más de posibilidades de sufrir accidentes que aquellos con bajo estrés.
Fuente: Mireille Kingma, Consejo Internacional de Enfermeras (CIE): www.icn.ch/matters_stresssp.htm
A quiénes afecta
El burnout puede afectar a toda persona que se desempeña en profesiones que exigen entrega, idealismo, compromiso, y servicio a personas. Francisco Alonso-Fernández, catedrático de psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid, establece una clasificación de las trabajadoras y trabajadores que sufren burnout: estrés de la competitividad (empresariado, directivos/as); de la creatividad (escritores/as, artistas, investigadores/as); de la responsabilidad y entrega (médicos/as, enfermeras/os); de las relaciones (servicios en contacto directo con las personas: profesorado, funcionarios/as, vendedoras/es); de la prisa (periodistas); del miedo (trabajadores de alto riesgo, fuerzas del orden) y del aburrimiento (trabajos parcelarios, mecánicos, rutinarios y monótonos). Sin embargo, gran parte de los estudios sobre burnout han llegado a la conclusión de que son las profesiones asistenciales las más afectadas por el desgaste. De esta opinión es Bernardo Moreno, de la Universidad Autónoma de Madrid, quien indica que el burnout afecta principalmente a las profesiones asistenciales, y, de entre ellas, a dos: la docencia y la asistencia a víctimas (citado en Corsi). Ello se explica por los elementos del contexto y por las condiciones personales de quien presta el servicio. Los elementos del contexto se darían por el estado de necesidad emocional de las personas a las cuales se asiste: mientras más intensas sean las demandas de esas personas y más alto su grado de dependencia del trabajo del especialista, existe mayor probabilidad de que el síndrome aparezca; a esto se agregan las condiciones físicas y sociales del trabajo. Respecto de las condiciones personales, el perfil de la persona más propensa al burnout se caracteriza por una elevada autoexigencia, baja tolerancia al fracaso, necesidad de excelencia y perfección, necesidad de control, y un sentimiento de omnipotencia frente a la tarea, entre otros elementos. Ello hace decir a Jorge Corsi, experto argentino en violencia intrafamiliar, que tales personas organizan una distorsión cognitiva, según la cual "sólo ellas, y nadie más que ellas, pueden hacer las cosas tan bien". Según otros investigadores, la insatisfacción marital, las relaciones familiares empobrecidas, la falta de tiempo de ocio y la ausencia de actividad física, junto con una insatisfacción permanente y sobrecarga laboral, son factores que también son asociados al síndrome de burnout (Modlin y Montes, citado en Corsi, 2000). En resumen, a estas personas, víctimas del síndrome de burnout, les resulta casi imposible disfrutar y relajarse.
El personal de salud
Como ya se ha dicho, gran parte de la población femenina que trabaja remunerada-mente, lo hace en actividades o profesiones de servicio, en los que la atención o cuidado de otros es la función fundamental y le exige un gran compromiso emocional. El mejor ejemplo es el de las enfermeras. Investigadores de la Universidad de Harvard, de Estados Unidos, realizaron un seguimiento, durante cuatro años, a 21.290 enfermeras para evaluar las condiciones que influían en el estado de salud física y emocional de estas trabajadoras. El estudio demostró que, con el tiempo, las mujeres con actividades que demandan una alta carga laboral, con poco control sobre ella, y escaso apoyo de su entorno laboral, presentan una disminución importante de sus niveles de salud emocional y física y un deterioro de sus habilidades. En México, una investigación que tenía como objetivo establecer una aproximación al perfil de riesgo de burnout en el personal sanitario (en 294 profesionales de atención primaria y atención especializada), llegó a la conclusión de que el perfil epidemiológico de riesgo es: una mujer de más de 44 años sin pareja estable (por separación, divorcio o viudez), con más de 19 años de antigüedad en la profesión y más de 11 en el mismo lugar de trabajo, profesional de atención especializada, con más de 21 pacientes diarios a su cargo, a los que dedica más del 70 por ciento de la jornada laboral, y a ésta, entre 36 y 40 horas semanales (Atance, 1997). Para la sicóloga Gabriela Charnes, las fuentes de estrés en los y las profesionales de ayuda son las características propias del trabajo, el ambiente organizacional, y las características individuales. Características propias del trabajo: En el caso del personal de salud, el contacto directo con la persona que recibe la ayuda puede ser fuente de tensión emocional por las características, sentimientos y conductas propias de las personas enfermas; la naturaleza misma de la enfermedad o problemática; los problemas de comunicación con los y las pacientes; la frustración relativamente alta de las y los profesionales de la salud, sobre todo en los primeros años de su ejercicio profesional; el conflicto de rol, es decir, la brecha existente entre las exigencias de otros actores del sistema (colegas, pacientes, familiares de pacientes) respecto del comportamiento del o de la profesional y las posibilidades reales del o la profesional misma. Factores ambientales y organizacionales: En esta categoría se incluyen el escaso control que tiene el o la profesional sobre el ambiente laboral (contratos, horarios) y sobre el impacto de sus intervenciones; la ambigüedad del rol, es decir, la ausencia de información clara respecto de las tareas que se espera que cumpla. Otras variables organizacionales descritas como factores causales de burnout son la sobrecarga asistencial; la ausencia de espacios estructurados de aprendizaje, de reflexión y elaboración; la falta de participación en la toma de decisiones acerca del trabajo; la falta de coordinación y de comunicación entre profesionales; liderazgo y supervisión inadecuados; ausencia de entrenamiento y de orientación frente a la problemática o tarea; escasos espacios de interacción social y de apoyo mutuo; sobrecarga de trabajo administrativo. Características individuales: Las investigaciones y estudios indican que el síndrome de burnout está relacionado con algunas características de personalidad: ansiedad neurótica, expectativas y objetivos poco claros, autoestima baja. También las personas más flexibles tienden a vivenciar mayor estrés respecto del conflicto de roles, puesto que tienen dificultades en fijar límites y rechazar demandas complementarias a su trabajo (Charnes, 2001).
Un estudio en 294 profesionales de atención primaria y atención especializada en México llegó a la conclusión de que el perfil de la persona con riesgo de burnout es: una mujer de más de 44 años sin pareja estable (por separación, divorcio o viudez), con más de 19 años de antigüedad en la profesión y más de 11 en el mismo centro de trabajo, profesional de atención especializada, con más de 21 pacientes diarios a su cargo, a los que dedica más del 70 por ciento de la jornada laboral y a ésta entre 36 y 40 horas semanales.
Causas de burnout en las enfermeras y los enfermeros: Las sobrecargas de trabajo; El continuo trato con personas deprimidas; La impotencia ante la enfermedad; Los turnos rotativos que perturban el ritmo biológico de las y los trabajadoras/es; Los trabajos nocturnos; El alto índice de contratación temporal; Las cargas de trabajo familiares (más del 80 por ciento de los profesionales son mujeres); La alta responsabilidad de las tareas que realizan.
Fuente: Sindicato de Enfermería, España. Disponible en: www.satse.es/salud_laboral/sindrome_burnout.htm
¿Qué hacer?
Las medidas preventivas del estrés y del burnout están estrechamente ligadas a la calidad de vida física, social y laboral. En el primer rubro, es importante hacer ejercicio regularmente (el aeróbico o caminar rápidamente reduce las hormonas del estrés y mejora el ánimo), hacer ejercicios de relajación o de meditación, comer bien (incluyendo muchas frutas y vegetales), evitar el alcohol y la cafeína, dormir 7 u 8 horas regularmente. Respecto del segundo, es fundamental tener tiempo libre para sí, mantener una red de amigos y amigas con quienes compartir actividades recreativas o de simple conversación, solicitar el apoyo de familiares y amigos. A nivel laboral, las intervenciones de prevención dependen, en gran parte, del respaldo y de la decisión institucional para crear y mantener condiciones que permitan una revisión permanente de las dinámicas y problemas laborales (Charnes, 2001). La razón que debería movilizar a los ejecutivosy empresarios a crear y mantener ambientes de trabajo sanos es tomar conciencia de que los gastos y pérdidas económicas derivadas del agotamiento profesional: el incremento del ausentismo, la baja productividad, los accidentes profesionales, entre otros, repercuten negativamente en la rentabilidad econó-mica de sus empresas. Al respecto, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) afirma que "las empresas que ayuden a sus empleados a hacer frente al estrés y reorganicen con cuidado el ambiente de trabajo, en función de las aptitudes y aspiraciones humanas", tienen más posibilidades de lograr ventajas competitivas (citado en Slipak,1996). De acuerdo a Oscar Slipak, disminuir las fuentes de estrés en el trabajo no es fácil. Para él "la premisa fundamental pasará, indudablemente, por una correcta valoración y evaluación del factor o los factores estresantes, sus causas, los factores condicionantes y todas aquellas situaciones, ya sean individuales o grupales, que inciden en el conflicto". También opina que "es necesario que las leyes que rigen la relación entre empleadores y empleados/as cubran las necesidades físicas y psicológicas de los y las trabajadores/as para que los efectos se perciban en la situación general". Por lo pronto, es importante la elaboración de programas destinados a entrenar a los y las profesionales en habilidades de comunicación, utilizar terapias a nivel cognitivo, desarrollar estrategias para enfrentar el estrés; valorar la importancia de la rotación dentro del lugar de trabajo y, por sobre todo, no llevar jamás trabajo para la casa.
Bibliografía
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www.msc.es/salud/epidemiologia/resp/199703/burnout.htm
Barajas, Edith. 2001. El estrés periodístico en la ciudad de Chihuahua. Revista Latina de Comunicación Social, Nº 44, septiembre-octubre-noviembre 2001, La Laguna (Tenerife). Disponible en: www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina44septiembre/4401edith.htm
Cimac. El estrés vinculado con problemas socioeconómicos en la población femenina: Jane Ussher. Junio 26, 2000.
Charnes, Gabriela. 2001. La calidad de vida de los profesionales de la salud: previniendo el síndrome de "burnout".
Corsi, Jorge. 2000. El síndrome "burnout". Síndrome de estrés crónico en profesionales que trabajan en el campo de la violencia familiar. Mujer/Fempress Nº 219-220, febrero-marzo 2000, pp. 21-22 Disponible en: www.fempress.cl/219/revista/219_burnout.html
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Hablemos Online. 1999-2000. Estrés. El enemigo silencioso. Disponible en: www.elsalvador.com/hablemos/Ediciones/011000/salud.htm
Marsellach Umbert, Gloria. El estrés en la mujer. Disponible en: www.ciudadfutura.com/psico/articulos/el_estrés.htm
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Sidelski, Daniel. El estrés de las mujeres. Disponible en: www.sexovida.com/psicologia/estresmujer.htm
SlipakE., Oscar. 1996. Estréslabora. Alcmeon Nº 19. Disponibleen: www.drwebsa.com.ar/aap/alcmeon/19/a19_02.htm
Val-Llobet, Carme. El impacto del estrés en la salud de las mujeres. Meridiana Nº 17, 2000.
Velásquez D., José F. MD. Estrés??? Disponible en: www.ginsana.com/voletin/estres.htm
¿Está usted burnout?
(Maslach Burnout Inventory)
Responda si o no a las siguientes afirmaciones:
1. Me siento emocionalmente agotada/o por mi trabajo.
2. Me siento cansada/o al final de la jornada de trabajo.
3. Me siento fatigada/o cuando me levanto por la mañana y tengo que enfrentarme con otro día de trabajo.
4. Comprendo fácilmente cómo se sienten las personas.
5. Creo que trato a algunas personas como si fuesen objetos impersonales.
6. Trabajar todo el día con personas es un esfuerzo.
7. Trato muy eficazmente los problemas de las personas.
8. Me siento "quemado" por mi trabajo.
9. Creo que estoy influyendo positivamente con mi trabajo en las vidas de los demás.
10. Me he vuelto más insensible con la gente desde que ejerzo esta profesión.
11. Me preocupa el hecho de que este trabajo me esté endureciendo emocionalmente.
12. Me siento muy activa/o.
13. Me siento frustrada/o en mi trabajo.
14. Creo que estoy trabajando demasiado.
15. No me preocupa realmente lo que le ocurre a algunas personas a las que doy servicio.
16. Trabajar directamente con personas me produce estrés.
17. Puedo crear fácilmente una atmósfera relajada con las personas a las que doy servicio.
18. Me siento estimulada/o después de trabajar en contacto con personas.
19. He conseguido muchas cosas útiles en mi profesión.
20. Me siento acabada/o.
21. En mi trabajo trato los problemas emocionales con mucha calma.
22. Creo que las personas que trato me culpan de algunos de sus problemas.
Escala de frecuencia de los sentimientos, de acuerdo al número de respuestas positivas:
Número
de respuestas
positivas 0 1 2 3 4 5 6
Nunca Pocas
veces al año o ninguna Una vez al mes más o menos Unas pocas veces al mes Una vez a la semana Pocas veces a la semana Todos los días
Agenda Salud
Nº 24
Octubre-diciembre 2001
Isis Internacional
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PRESENTACIÓN
Mujeres y hombres de nuestra época sufrimos tensiones a diario causadas por nuestro trabajo, las obligaciones domésticas u otras razones. A más de alguien hemos escuchado decir que es bueno tener un poco de adrenalina en el cuerpo, puesto que ayuda a funcionar rápidamente, a ser productivas y a agudizar nuestra creatividad. Sin embargo, cuando sentimos que las tensiones se nos hacen insoportables o bien nuestro cuerpo comienza a mostrar síntomas de estrés, más vale hacer un alto en el camino y preguntarnos qué es lo que no estamos haciendo bien.
Agenda Salud aborda el estrés y el burnout, porque se han convertido, sobre todo el segundo, en un problema social y de salud pública. Ya a fines del decenio pasado, la Organización Internacional del Trabajo planteaba su preocupación ante el aumento de los índices de estrés laboral en el mundo. Para ese organismo, el estrés en el trabajo es uno de los grandes desafíos que se presentan a los gobiernos, a los empleadores y a los sindicatos.
Nuestro interés en estos temas radica en que las mujeres, por las condiciones de género y el tipo de profesión u oficio que desempeñan mayoritariamente, están más expuestas a estos males de la vida moderna. Las labores de enseñanza y de enfermería, por ejemplo, son, por sus características, fuente de agotamiento profesional. Ahora bien, cada persona recibirá las demandas excesivas del entorno laboral de manera diferente, por lo que el burnout, en particular, afectará o no a las mujeres de acuerdo a su estado de salud física y mental propios. Pero, independientemente de estos factores, es fundamental saber lo que implican tanto el estrés como el burnout para reconocer sus síntomas y adoptar las medidas apropiadas.
¿Estrés o burnout?
Carmen Torres
Un jefe de taller de personas minusválidas de España, quien presentaba síntomas de agotamiento emocional y físico, así como trastornos del sueño que le impedían desarrollar bien su trabajo, solicitó licencia médica a su empleador puesto que, adujo, sufría del síndrome de burnout (traducido como agotamiento, desgaste profesional, o "síndrome de estar quemado") como consecuencia de su actividad laboral. Por ende, pidió que éste fuera considerado como una enfermedad laboral. Después de varios meses en litigio con su empleador, quien no estaba de acuerdo con esa interpretación, logró su objetivo: el Tribunal Supremo de España confirmó la sentencia del primer tribunal al que había acudido y que había dictaminado que el síndrome de burnout es una enfermedad laboral. Hay muchas definiciones de estrés y de burnout, porque según diversos estudios, estos conceptos, si bien pueden tener similitudes, no son lo mismo. Se puede estar estresada/o y seguir funcionando, aun cuando sea difícil. En cambio, cuando el burnout (o, como se le llamaba hace 20 o 30 años atrás, surmenage) llega, es necesario hacer cambios radicales en nuestra manera de enfrentar las tensiones.
El estrés
Entre las muchas acepciones de estrés, José Navas utiliza una muy práctica: "cualquier estímulo o circunstancia real o imaginaria, que requiere que la persona haga algo diferente en su forma de actuar o pensar en dicha circunstancia o por un tiempo prolongado. Es decir, el estrés sería cualquier estímulo o situación que requiere adaptación o cambio de parte de la persona involucrada en la situación" (Navas, s/f). Alberto Amador Pizá, autor de Técnicas para dominar el estrés y vivir mejor, también presenta una definición sencilla: "es una respuesta del organismo ante una amenaza real o imaginaria, donde intervienen factores físicos, químicos o psicológicos" (citado en Barajas, 2001). Por su parte, la Organización Mundial de la Salud lo define como "el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara el organismo para la acción". Visto así, el estrés no debiera ser un problema. Al contrario, sería una suerte de estímulo, una alerta. Por ejemplo, ante una situación inesperada de peligro, los cambios físicos producidos por el estrés en nuestro cuerpo (aumento de la presión sanguínea, entre otros) hacen que éste reaccione rápidamente frente al hecho, lo que puede resultar fundamental para, incluso, salvar nuestra vida. Una vez que el problema se ha resuelto, el organismo vuelve a su funcionamiento normal. Pero se convierte en un verdadero problema cuando ciertas circunstancias, tales como la sobrecarga de trabajo, las presiones económicas, el ambiente competitivo, entre muchas otras, se perciben inconscientemente como amenazas (Velásquez, s/f) que provocan reacciones defensivas en la persona, tornándola irritable y sufriendo consecuencias nocivas en su organismo, por períodos prolongados. Estas reacciones pueden ser:
- Elevación de la presión sanguínea (hipertensión arterial).
- Gastritis y úlceras en el estómago y el intestino.
- Disminución de la función renal.
- Problemas del sueño.
- Alteraciones del apetito.
- Agotamiento (Velásquez, s/f).
Por otra parte, el estrés es diferente para cada persona. Lo que provoca estrés en una, puede ser un factor inocuo para otra. Varios factores explican esto: su estado psicológico y físico; el significado que otorga al evento perturbador; una gran variedad de condiciones ambientales (positivas y negativas). En resumen, cualquier cambio o circunstancia diferente que se presente ante nuestras vidas, como cambiarse de casa, hablar en público, presentarse a una entrevista, podrían convertirse en estrés si a esos hechos les damos una connotación especial de amenaza, o si no estamos bien preparadas/os física y psicológicamente para enfrentarlos. Sin embargo, estudios efectuados desde el decenio de los ochenta, apuntan a demostrar la existencia de un agente bioquímico responsable del estrés. Este sería el cortisol. En efecto, el investigador Orm Bergold llegó a la conclusión, después de investigar durante varios años los síntomas y las causas del estrés en numerosos pacientes, de que el cortisol es el agente que lo causa, considerándolo "la hormona del estrés". Producida por la glándula suprarrenal, ayudaría al ser humano a enfrentar una situación de estrés provocando la liberación de una dosis de adrenalina. Una vez que el hecho de tensión ha sido superado, el nivel de cortisol volvería a normalizarse. Pero, si éste continúa manteniéndose elevado durante semanas, meses o años, el cortisol se convertiría en una fuerza destructora importante que afectaría prácticamente a cada célula u órgano del cuerpo humano.
El burnout
Así como el estrés es asociado a numerosas razones o causas, muchas de las cuales pueden pertenecer al ámbito de la vida cotidiana, las definiciones de burnout están más vinculadas al mundo laboral (aun cuando actualmente se aplica también, por ejemplo, a la esfera deportiva). De entre ellas, las más mencionadas son la de Freudenberger, la de Maslach y Jackson, y la de Pines, Aronson y Kafry, de acuerdo al estudio de Enrique Garcés de Los Fayos, autor de Tesis sobre el burnout. Este destaca que Herbert Freudenberger fue el primer investigador que utilizó el concepto de burnout, en 1974, para reagrupar diversas manifestaciones de tensión que se daban en personas "adictas al trabajo". Su definición contemplaba "una sensación de fracaso y una existencia agotada o gastada que resulta de una sobrecarga por exigencias de energías, recursos personales y fuerza espiritual del trabajador". El concepto de burnout de las investigadoras estadounidenses Cristina Maslach y Susan Jackson apareció en 1981, luego de varios años de estudios empíricos. Lo describieron como un síndrome de estrés crónico que se manifiesta en aquellas profesiones de servicios caracterizadas por una atención intensa y prolongada a personas que están en una situación de necesidad o de dependencia. Para ellas, este síndrome se puede dar exclusivamente en las profesiones de ayuda (personal de salud y profesorado). El burnout tendría un carácter tridimensional: agotamiento emocional, despersonalización y reducida realización personal:
- Agotamiento emocional: disminución y pérdida de recursos emocionales.
- Despersonalización: desarrollo de actitudes negativas, de insensibilidad y cinismo hacia las personas que se debe atender.
- Reducida realización personal: tenden-cia a evaluar el propio trabajo en forma negativa, sentimientos de baja auto-estima.
La otra definición muy utilizada es la de A. Pines, E. Aronson y D. Kafry, quienes, en 1981, señalaron que el burnout es "el estado de agotamiento mental, físico y emocional, producido por el involucra-miento crónico en el trabajo en situaciones emocionalmente demandantes". El aporte de estas autoras es que no circuns-cribieron el burnout sólo a las profesiones de servicio (como Maslach y Jackson), sino que lo extendieron a otras (comercio, política, entre otras), que también implican excesivas demandas psicológicas. Una de las grandes diferencias del estrés con el burnout, según ciertos autores, es que mientras el primero puede ser experimentado positiva o negativamente por la persona, el segundo es un fenómeno exclusivamente negativo. A pesar de ello, diversos autores precisan que el burnout es un tipo de estrés. Así, "el burnout es, de hecho, un tipo de estrés, una respuesta afectiva crónica como consecuencia de condiciones estresantes del trabajo que se da en profesiones con altos niveles de contacto personal" (Ganster y Schan-broeck, 1991, citado en Garcés de Los Fayos). Más allá de las distintas acepciones y de lo que ellas implican, Garcés de los Fayos señala algunos puntos que resumen su búsqueda del concepto burnout:
— Parece claro que el burnout sería consecuencia de eventos estresantes que disponen al individuo a padecerlo. Estos eventos serían fundamentalmente, de carácter laboral, ya que la interacción que el individuo mantiene con los diversos condicionantes del trabajo son la clave para su aparición.
— Es necesaria la presencia de "interacciones humanas" trabajador/a-usuario/a intensas y/o duraderas para que el sín-drome aparezca. En este sentido, se conceptualiza el burnout como un proceso continuo que va surgiendo de manera paulatina y que se va "instau-rando" en el individuo hasta provocar en éste los sentimientos propios del síndrome.
— Tras la definición de Freudenberger, en la que planteaba una "existencia gastada", y tras los aportes de Maslach y Jackson, con la tridimensionalidad del síndrome: agotamiento emocional, despersonali-zación y reducida realización personal, o las que hacen Pines et al. con el triple agotamiento: emocional, mental y físico, pocos han sido los nuevos aportes originales a la definición del burnout, girando todas sobre estas tres.
Respecto de las consecuencias de este síndrome laboral, éstas pueden agruparse en varias categorías: Síntomas físicos: con frecuencia, son los primeros en aparecer e incluyen alteraciones cardiovasculares (hipertensión, enfermedad coronaria), fatiga crónica, cefaleas y migraña, alteraciones gastrointestinales (dolor abdominal, colon irritable, úlcera duodenal), dolores musculares, alteraciones respiratorias (asma), alteraciones del sueño, alteraciones dermatológicas (urticaria), alteraciones menstruales, disfun-ciones sexuales, entre otros. Alteraciones conductuales: destacan aquellas de la conducta alimentaria, abuso de drogas, fármacos y alcohol, ausentismo laboral, conductas de elevado riesgo (conducción temeraria, por ejemplo), tabaquismo, entre otras. En ocasiones surgen conductas paradójicas defensivas como el desarrollo excesivo de hobbies (que llenan la mente de la persona, incluso en horas de trabajo), dedicación creciente al estudio para liberarse de la rutina (con disminución de la atención a los casos "poco interesantes"), seudoausentismo laboral con el desarrollo de actividades cuyo objetivo es limitar el número de horas reales en el centro de trabajo (actividades sindicales, formación continua). Alteraciones emocionales: ansiedad, depresión, irritabilidad, baja autoestima, falta de motivación, dificultades de concentración, distanciamiento emocional, sentimientos de frustración profesional y deseos de abandonar el trabajo, entre otras (Menéndez, s/f).
Diferencias de género
Los factores de estrés, también llamados estresores, pueden ser similares para hombres y mujeres, como, por ejemplo, las condiciones económicas, sociales y políticas. De acuerdo a Jane Ussher, ex directora de la Unidad de Investigación de la Mujer de la Universidad de Londres, las personas con pocas oportunidades económicas y sociales viven cada día un sinnúmero de factores estresantes, además de condiciones nutricionales pobres (Cimac, junio 26, 2000). La investigadora señala que existe mayor estrés en poblaciones que sobreviven con menos de un dólar diario, y menor estrés en países considerados con alto estándar de desarrollo humano. Así, en una encuesta realizada en El Salvador, el 83 por ciento de las personas encues-tadas (obreros/as, vendedoras/es y empleadas/os) adujo que la violencia, los problemas en el hogar y las dificultades para lograr sus proyectos, debido a la crisis económica familiar, eran las causales de su estrés (Hablemos Online 1999-2000). Respecto de las condiciones políticas, la violencia por parte de los aparatos del Estado, los desplazamientos internos forzados, el exilio, la pérdida de un ser querido que ha sido asesinado o hecho desaparecer por sus convicciones políticas, son elementos que inciden en los niveles de estrés de la población, ya sean mujeres, hombres, niños o niñas. Sin embargo, tanto en el estrés como en el burnout las diferencias entre hombres y mujeres aparecen nítidamente cuando se consideran las condicionantes de género. Las mujeres han sido identificadas, tradicionalmente, con los roles de la maternidad y el trabajo doméstico, dos roles relacionados claramente a los afectos y al cuidado de otras personas. A los hombres, en cambio, se les asocia básicamente con el mantenimiento económico de la familia, es decir, con un rol de proveedor. Aun cuando esta adjudicación de papeles ya no es tan aguda, lo que se explica, entre otras cosas, por el ingreso de una parte importante de las mujeres al mercado laboral y por los cambios culturales de los últimos años, lo cierto es que un gran número de mujeres se desempeña en actividades o profesiones de servicio y sigue realizando labores domésticas. Carme Vall-Llobet señala que "la doble jornada (doméstica y laboral), la multiplicidad de roles, el papel de cuidadora de niños y niñas y de personas ancianas y enfermas, la imposibilidad de gozar de un tiempo propio y la desvalorización social y económica del trabajo reproductivo, han contribuido a que el trabajo doméstico constituya un elemento potenciador del estrés mental con mayores niveles de depresión y de adicciones (alcohol, juego, dependencias afecti-vas)…". Un reciente estudio, en Estados Unidos, constató que las mujeres con hijos/as y responsabilidades laborales, están expuestas a un alto grado de tensión durante las 24 horas del día. La investigación examinó la orina de mujeres que eran madres que trabajaban fuera de su casa con otras que también tenían un empleo, pero que no tenían hijos/as. El elemento de comparación fueron los niveles hormonales de cortisol ("la hormona del estrés"), de adrenalina y de noradrenalina, sustancias asociadas al estrés. Los resultados mostraron que las mujeres con hijos/as presentan mayores niveles de cortisol durante las 24 horas del día, respecto de aquellas que no poseen descendencia. En general, la mayoría de las personas tiende a bajar sus niveles de hormonas del estrés al terminar el día, pero las madres que trabajan fuera del hogar pueden mantenerlos e incluso aumentarlos. Por ejemplo, mientras una mujer sin hijos que descansa en su casa, normalmente tendrá 5 a 6 microgramos de cortisol por decilitro de sangre, una madre estresada puede tener hasta el triple de esa cantidad. En cambio, los niveles de hormonas del estrés disminuyen en los hombres cuando llegan a su casa, porque ven su hogar como un refugio de descanso y relajación. De acuerdo a la endocrinóloga Verónica Araya, del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, los altos niveles de cortisol "pueden determinar que bajen las defensas, porque disminuye el número de linfocitos en la sangre. También aumenta el riesgo de sufrir hipertensión arterial y, si es crónico, puede llegar hasta una diabetes" (Disegni, 2000.) Daniel Sidelski, médico psiquiatra argentino, señala que si bien los acontecimientos estresantes pueden ser compartidos por ambos sexos, existen situaciones que se presentan con mayor prevalencia (incluso exclusivamente) en las mujeres: "Así como la exposición a eventos relacionados con violencia física, guerra o combate, suele generarse más frecuentemente en el género masculino, la mujer presenta otro tipo de estresores que son prácticamente de su exclusividad: embarazo —con y sin pareja estable—; convertirse en único sostén de sus hijos; no quedar embarazada en casos en que sí lo desea; ser víctima de violencia o acoso sexual; recibir maltrato físico o psicológico en su hogar; no desarrollar adecuadamente su carrera profesional por elegir desempeñar más eficazmente su rol de ama de casa y madre, son los clásicos ejemplos". Agrega que "en nuestra cultura suele esperarse de la mujer que actúe como una madre plena de recursos, siempre dispuesta a satisfacer las necesidades de los demás sin requerir atención a las suyas propias. En ese sentido, los trabajos de las mujeres consisten, típicamente, en posiciones de poco poder y mucho cuidado (enfermera, secretaria, empleada) en los que se les pide mucho y se les ofrece poco (los sueldos de las enfermeras suelen ser mucho menores que los de doctores y jefes). Debido a ello, muchas veces, lo estresante no es la tarea en sí, sino el rol asignado de madre que todo lo puede y nada necesita". Para Sidelski, los factores importantes que marcan la diferencia de cómo las mujeres viven el estrés, en comparación con los varones, son las variaciones en la sensibilidad de las mujeres a lo largo del ciclo menstrual, el tipo de estresores que enfrentan, los distintos significados que atribuyen a un mismo problema, el modo en que afrontan las dificultades, así como una distinta visión de la vida, en general. Hay más elementos que pueden incidir en el estrés de las mujeres. Estos son los cambios en su ciclo de vida, como el matrimonio, la maternidad, el posible divorcio, pasar de los 40 años en una cultura que venera la juventud y la belleza, la viudez, la reorganización de la vida cuando los hijos e hijas son mayores. O factores psíquicos, como la ansiedad que siente la dueña de casa a la que se presiona para que salga de casa y se realice, o la de la mujer que trabaja remuneradamente y a la que se presiona para que vuelva a casa a fin de no perder a su familia (Marsellach, s/f). La fisiología propia de las mujeres también puede contribuir a estados de tensión. Entre ellos se encuentran el desarrollo de los senos, la menstruación, la amenorrea (desaparición de la menstruación), el síndrome premenstrual, el embarazo, la depresión postparto, la infertilidad, la menopausia. Al parecer, también la manera de enfrentar el estrés es diferente en hombres y mujeres. Karl Pribam, de la Universidad de California, en Santa Cruz, que estudió las diferencias entre el cerebro de los hombres y el de las mujeres, llegó a la conclusión de que éstas, al tener un mayor predominio del hemisferio izquierdo (el que dirige el lenguaje, la lógica y las definiciones), serían capaces de desarrollar mejores estrategias verbales para afrontar el estrés que los hombres, quienes serían menos capaces de controlarse (Marsellach, s/f). Por su parte, Daniel Sidelski, basándose en su experiencia como psiquiatra, señala que para el género femenino lo importante es la repercusión afectiva de las contrariedades, mientras que para el masculino lo predominante es la repercusión efectiva. Por ende, mientras la mujer necesita expresar sus emociones, el varón necesita encontrar soluciones. "Ella sabe intuitivamente que, si se siente bien por dentro, los factores externos no representan gran inconveniente. El, en cambio, experimenta alegría en la medida en que los problemas son resueltos". El burnout también afecta de manera diferente a mujeres y hombres. Según diversos estudios, las mujeres presentan una serie de características relacionadas con el trabajo que las predisponen al síndrome: por ejemplo, presentan más conflicto de rol, sintomatología depresiva, conflictos entre la familia y el trabajo, entre otras. Maslach y Jackson (las que establecieron la tridimensionalidad del burnout y creadoras del test Maslach Burnout Inventory) precisan que las mujeres son más propensas que los hombres a la dimensión de agotamiento emocional. Los hombres, por su parte, son más proclives a la dimensión de despersonalización.
La violencia en el trabajo es cada vez mayor: en la Unión Europea, 3 millones de trabajadoras comunicaron que eran objeto de acoso sexual, 6 millones de violencia física y 12 millones de intimidaciones y violencia psicológica. En Estados Unidos, el homicidio es la principal causa de muerte de las mujeres en el lugar de trabajo. El 28% de los trabajadores de la Unión Europea informaron de problemas de salud relacionados con el estrés en el trabajo (burnout), lo que significa unos 41 millones de personas. La tensión en el trabajo representa, en el mercado laboral de América del Norte, un gasto anual de 200 mil a 300 mil millones de dólares. La tensión laboral es parte del 60 al 90% de los problemas médicos. Los trabajadores que dicen sufrir de un fuerte estrés laboral, tienen un 30% más de posibilidades de sufrir accidentes que aquellos con bajo estrés.
Fuente: Mireille Kingma, Consejo Internacional de Enfermeras (CIE): www.icn.ch/matters_stresssp.htm
A quiénes afecta
El burnout puede afectar a toda persona que se desempeña en profesiones que exigen entrega, idealismo, compromiso, y servicio a personas. Francisco Alonso-Fernández, catedrático de psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid, establece una clasificación de las trabajadoras y trabajadores que sufren burnout: estrés de la competitividad (empresariado, directivos/as); de la creatividad (escritores/as, artistas, investigadores/as); de la responsabilidad y entrega (médicos/as, enfermeras/os); de las relaciones (servicios en contacto directo con las personas: profesorado, funcionarios/as, vendedoras/es); de la prisa (periodistas); del miedo (trabajadores de alto riesgo, fuerzas del orden) y del aburrimiento (trabajos parcelarios, mecánicos, rutinarios y monótonos). Sin embargo, gran parte de los estudios sobre burnout han llegado a la conclusión de que son las profesiones asistenciales las más afectadas por el desgaste. De esta opinión es Bernardo Moreno, de la Universidad Autónoma de Madrid, quien indica que el burnout afecta principalmente a las profesiones asistenciales, y, de entre ellas, a dos: la docencia y la asistencia a víctimas (citado en Corsi). Ello se explica por los elementos del contexto y por las condiciones personales de quien presta el servicio. Los elementos del contexto se darían por el estado de necesidad emocional de las personas a las cuales se asiste: mientras más intensas sean las demandas de esas personas y más alto su grado de dependencia del trabajo del especialista, existe mayor probabilidad de que el síndrome aparezca; a esto se agregan las condiciones físicas y sociales del trabajo. Respecto de las condiciones personales, el perfil de la persona más propensa al burnout se caracteriza por una elevada autoexigencia, baja tolerancia al fracaso, necesidad de excelencia y perfección, necesidad de control, y un sentimiento de omnipotencia frente a la tarea, entre otros elementos. Ello hace decir a Jorge Corsi, experto argentino en violencia intrafamiliar, que tales personas organizan una distorsión cognitiva, según la cual "sólo ellas, y nadie más que ellas, pueden hacer las cosas tan bien". Según otros investigadores, la insatisfacción marital, las relaciones familiares empobrecidas, la falta de tiempo de ocio y la ausencia de actividad física, junto con una insatisfacción permanente y sobrecarga laboral, son factores que también son asociados al síndrome de burnout (Modlin y Montes, citado en Corsi, 2000). En resumen, a estas personas, víctimas del síndrome de burnout, les resulta casi imposible disfrutar y relajarse.
El personal de salud
Como ya se ha dicho, gran parte de la población femenina que trabaja remunerada-mente, lo hace en actividades o profesiones de servicio, en los que la atención o cuidado de otros es la función fundamental y le exige un gran compromiso emocional. El mejor ejemplo es el de las enfermeras. Investigadores de la Universidad de Harvard, de Estados Unidos, realizaron un seguimiento, durante cuatro años, a 21.290 enfermeras para evaluar las condiciones que influían en el estado de salud física y emocional de estas trabajadoras. El estudio demostró que, con el tiempo, las mujeres con actividades que demandan una alta carga laboral, con poco control sobre ella, y escaso apoyo de su entorno laboral, presentan una disminución importante de sus niveles de salud emocional y física y un deterioro de sus habilidades. En México, una investigación que tenía como objetivo establecer una aproximación al perfil de riesgo de burnout en el personal sanitario (en 294 profesionales de atención primaria y atención especializada), llegó a la conclusión de que el perfil epidemiológico de riesgo es: una mujer de más de 44 años sin pareja estable (por separación, divorcio o viudez), con más de 19 años de antigüedad en la profesión y más de 11 en el mismo lugar de trabajo, profesional de atención especializada, con más de 21 pacientes diarios a su cargo, a los que dedica más del 70 por ciento de la jornada laboral, y a ésta, entre 36 y 40 horas semanales (Atance, 1997). Para la sicóloga Gabriela Charnes, las fuentes de estrés en los y las profesionales de ayuda son las características propias del trabajo, el ambiente organizacional, y las características individuales. Características propias del trabajo: En el caso del personal de salud, el contacto directo con la persona que recibe la ayuda puede ser fuente de tensión emocional por las características, sentimientos y conductas propias de las personas enfermas; la naturaleza misma de la enfermedad o problemática; los problemas de comunicación con los y las pacientes; la frustración relativamente alta de las y los profesionales de la salud, sobre todo en los primeros años de su ejercicio profesional; el conflicto de rol, es decir, la brecha existente entre las exigencias de otros actores del sistema (colegas, pacientes, familiares de pacientes) respecto del comportamiento del o de la profesional y las posibilidades reales del o la profesional misma. Factores ambientales y organizacionales: En esta categoría se incluyen el escaso control que tiene el o la profesional sobre el ambiente laboral (contratos, horarios) y sobre el impacto de sus intervenciones; la ambigüedad del rol, es decir, la ausencia de información clara respecto de las tareas que se espera que cumpla. Otras variables organizacionales descritas como factores causales de burnout son la sobrecarga asistencial; la ausencia de espacios estructurados de aprendizaje, de reflexión y elaboración; la falta de participación en la toma de decisiones acerca del trabajo; la falta de coordinación y de comunicación entre profesionales; liderazgo y supervisión inadecuados; ausencia de entrenamiento y de orientación frente a la problemática o tarea; escasos espacios de interacción social y de apoyo mutuo; sobrecarga de trabajo administrativo. Características individuales: Las investigaciones y estudios indican que el síndrome de burnout está relacionado con algunas características de personalidad: ansiedad neurótica, expectativas y objetivos poco claros, autoestima baja. También las personas más flexibles tienden a vivenciar mayor estrés respecto del conflicto de roles, puesto que tienen dificultades en fijar límites y rechazar demandas complementarias a su trabajo (Charnes, 2001).
Un estudio en 294 profesionales de atención primaria y atención especializada en México llegó a la conclusión de que el perfil de la persona con riesgo de burnout es: una mujer de más de 44 años sin pareja estable (por separación, divorcio o viudez), con más de 19 años de antigüedad en la profesión y más de 11 en el mismo centro de trabajo, profesional de atención especializada, con más de 21 pacientes diarios a su cargo, a los que dedica más del 70 por ciento de la jornada laboral y a ésta entre 36 y 40 horas semanales.
Causas de burnout en las enfermeras y los enfermeros: Las sobrecargas de trabajo; El continuo trato con personas deprimidas; La impotencia ante la enfermedad; Los turnos rotativos que perturban el ritmo biológico de las y los trabajadoras/es; Los trabajos nocturnos; El alto índice de contratación temporal; Las cargas de trabajo familiares (más del 80 por ciento de los profesionales son mujeres); La alta responsabilidad de las tareas que realizan.
Fuente: Sindicato de Enfermería, España. Disponible en: www.satse.es/salud_laboral/sindrome_burnout.htm
¿Qué hacer?
Las medidas preventivas del estrés y del burnout están estrechamente ligadas a la calidad de vida física, social y laboral. En el primer rubro, es importante hacer ejercicio regularmente (el aeróbico o caminar rápidamente reduce las hormonas del estrés y mejora el ánimo), hacer ejercicios de relajación o de meditación, comer bien (incluyendo muchas frutas y vegetales), evitar el alcohol y la cafeína, dormir 7 u 8 horas regularmente. Respecto del segundo, es fundamental tener tiempo libre para sí, mantener una red de amigos y amigas con quienes compartir actividades recreativas o de simple conversación, solicitar el apoyo de familiares y amigos. A nivel laboral, las intervenciones de prevención dependen, en gran parte, del respaldo y de la decisión institucional para crear y mantener condiciones que permitan una revisión permanente de las dinámicas y problemas laborales (Charnes, 2001). La razón que debería movilizar a los ejecutivosy empresarios a crear y mantener ambientes de trabajo sanos es tomar conciencia de que los gastos y pérdidas económicas derivadas del agotamiento profesional: el incremento del ausentismo, la baja productividad, los accidentes profesionales, entre otros, repercuten negativamente en la rentabilidad econó-mica de sus empresas. Al respecto, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) afirma que "las empresas que ayuden a sus empleados a hacer frente al estrés y reorganicen con cuidado el ambiente de trabajo, en función de las aptitudes y aspiraciones humanas", tienen más posibilidades de lograr ventajas competitivas (citado en Slipak,1996). De acuerdo a Oscar Slipak, disminuir las fuentes de estrés en el trabajo no es fácil. Para él "la premisa fundamental pasará, indudablemente, por una correcta valoración y evaluación del factor o los factores estresantes, sus causas, los factores condicionantes y todas aquellas situaciones, ya sean individuales o grupales, que inciden en el conflicto". También opina que "es necesario que las leyes que rigen la relación entre empleadores y empleados/as cubran las necesidades físicas y psicológicas de los y las trabajadores/as para que los efectos se perciban en la situación general". Por lo pronto, es importante la elaboración de programas destinados a entrenar a los y las profesionales en habilidades de comunicación, utilizar terapias a nivel cognitivo, desarrollar estrategias para enfrentar el estrés; valorar la importancia de la rotación dentro del lugar de trabajo y, por sobre todo, no llevar jamás trabajo para la casa.
Bibliografía
Atance Martínez, Juan Carlos. 1997. Aspectos epidemiológicos del síndrome de burnout en personal sanitario. Revista Española de Salud Pública. Disponible en:
www.msc.es/salud/epidemiologia/resp/199703/burnout.htm
Barajas, Edith. 2001. El estrés periodístico en la ciudad de Chihuahua. Revista Latina de Comunicación Social, Nº 44, septiembre-octubre-noviembre 2001, La Laguna (Tenerife). Disponible en: www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina44septiembre/4401edith.htm
Cimac. El estrés vinculado con problemas socioeconómicos en la población femenina: Jane Ussher. Junio 26, 2000.
Charnes, Gabriela. 2001. La calidad de vida de los profesionales de la salud: previniendo el síndrome de "burnout".
Corsi, Jorge. 2000. El síndrome "burnout". Síndrome de estrés crónico en profesionales que trabajan en el campo de la violencia familiar. Mujer/Fempress Nº 219-220, febrero-marzo 2000, pp. 21-22 Disponible en: www.fempress.cl/219/revista/219_burnout.html
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Garcés de Los Fayos, Enrique. Tesis sobre el burnout. Disponible en: www.abacolombia.org.co/organizaciones/burnout.htm
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Sidelski, Daniel. El estrés de las mujeres. Disponible en: www.sexovida.com/psicologia/estresmujer.htm
SlipakE., Oscar. 1996. Estréslabora. Alcmeon Nº 19. Disponibleen: www.drwebsa.com.ar/aap/alcmeon/19/a19_02.htm
Val-Llobet, Carme. El impacto del estrés en la salud de las mujeres. Meridiana Nº 17, 2000.
Velásquez D., José F. MD. Estrés??? Disponible en: www.ginsana.com/voletin/estres.htm
¿Está usted burnout?
(Maslach Burnout Inventory)
Responda si o no a las siguientes afirmaciones:
1. Me siento emocionalmente agotada/o por mi trabajo.
2. Me siento cansada/o al final de la jornada de trabajo.
3. Me siento fatigada/o cuando me levanto por la mañana y tengo que enfrentarme con otro día de trabajo.
4. Comprendo fácilmente cómo se sienten las personas.
5. Creo que trato a algunas personas como si fuesen objetos impersonales.
6. Trabajar todo el día con personas es un esfuerzo.
7. Trato muy eficazmente los problemas de las personas.
8. Me siento "quemado" por mi trabajo.
9. Creo que estoy influyendo positivamente con mi trabajo en las vidas de los demás.
10. Me he vuelto más insensible con la gente desde que ejerzo esta profesión.
11. Me preocupa el hecho de que este trabajo me esté endureciendo emocionalmente.
12. Me siento muy activa/o.
13. Me siento frustrada/o en mi trabajo.
14. Creo que estoy trabajando demasiado.
15. No me preocupa realmente lo que le ocurre a algunas personas a las que doy servicio.
16. Trabajar directamente con personas me produce estrés.
17. Puedo crear fácilmente una atmósfera relajada con las personas a las que doy servicio.
18. Me siento estimulada/o después de trabajar en contacto con personas.
19. He conseguido muchas cosas útiles en mi profesión.
20. Me siento acabada/o.
21. En mi trabajo trato los problemas emocionales con mucha calma.
22. Creo que las personas que trato me culpan de algunos de sus problemas.
Escala de frecuencia de los sentimientos, de acuerdo al número de respuestas positivas:
Número
de respuestas
positivas 0 1 2 3 4 5 6
Nunca Pocas
veces al año o ninguna Una vez al mes más o menos Unas pocas veces al mes Una vez a la semana Pocas veces a la semana Todos los días
Agenda Salud
Nº 24
Octubre-diciembre 2001
Isis Internacional
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Santiago, Chile
Teléfono (56-2) 638 2219
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